martes, 23 de febrero de 2016

A propósito de la crítica fotográfica y los imponderables

Una de las actividades que más ayuda a mejorar la calidad de nuestras fotos es la práctica regular de la crítica fotográfica. Hecha de manera presencial, ordenada y respetuosa, la crítica fotográfica mejora nuestra percepción de las fotos de los demás, a la vez que muestra el impacto de nuestras fotografías a los ojos de otros fotógrafos. Si mantenemos una actitud abierta podemos mejorar nuestro estilo, enriqueciéndolo con puntos de vista diferentes que, madurados por el tiempo y la reflexión, nos lleve a explorar nuevos caminos y posibilidades. En resumen, nos hace crecer como fotógrafos.

En mi caso, la pertenencia a la AVFD me permite practicar regularmente esta actividad, que tiene lugar dentro de un pequeño grupo de asistentes (no más de diez), y en la que todos aportamos una foto propia para ser criticada, a al vez que criticamos las fotos de los demás. La mecánica es muy simple: se presenta una foto, que es comentada por todos, uno a uno, para finalizar con el autor. A fin de mantener un discurso ordenado, se procura respetar el turno de palabra y evitar las discusiones entre los asistentes. Las preguntas que surgen sobre las fotografías son respondidas por el autor en el turno final.



Hoy comentaré uno de los patrones más habituales en este tipo de reuniones: el imponderable como excusa para los defectos de una foto. Esta mía sobre la simetría es un buen ejemplo de lo que quiero ilustrar. Cuando realizamos una foto con un alto nivel de simetría en la composición, tenemos varias alternativas. La más obvia es ceñirnos al patrón simétrico elegido (simetría axial, radial, etc.) e intentemos que sea lo más precisa posible. Otra posibilidad es la superposición de un elemento discordante sobre un fondo lo más simétrico posible; hecho con gracia, produce un resultado más interesante y rico que el anterior. En cualquier caso, la simetría es un elemento compositivo muy potente pero que tolera muy mal las pequeñas imperfecciones, que tienden a arruinar el equilibrio de la imagen.

En este ejemplo es fácil detectar errores en la simetría; el más notable de todos está situado en el remate triangular del edificio, situado en la parte superior central de la imagen. El segundo en importancia está situado en la zonas interiores de las pasarelas, cuando discurren paralelas a las vigas contiguas. Hay más; dejo al lector la tarea de descubrirlas.

Ante estas irregularidades, el espectador que ejerce la crítica puede ceñirse a identificarlas y a comentar el impacto negativo que le producen pero a veces, por una cortesía mal entendida, añade una coletilla a su razonamiento, una disculpa del estilo de: "es muy difícil acertar con la posición exacta de la cámara", "el edificio puede tener problemas de simetría", "seguramente se hizo a mano alzada, y así es muy difícil clavarla", "yo he estado allí y me pasó lo mismo, es muy complicado eliminar estos errores", etc. Este tipo de excusas o imponderables son asideros perfectos para el autor, que en su turno de réplica le da alas para justificar las debilidades de su obra: "no podía ponerme más lejos", "imposible encuadrar más a la derecha porque había una farola", "la luz era la que había" (esta es muy buena), "me dejé el gran angular en casa", etc.

¡Como si las dificultadas para hacer una foto anulasen sus defectos y mejoraran el resultado de la misma! En absoluto: cuando mostramos una fotografía a los demás, el proceso de creación de la misma es totalmente irrelevante; lo que cuenta es el resultado final. Flaco favor le hacemos al autor cuando caemos en este tipo de razonamientos, ya que estamos justificando los elementos negativos que apreciamos en su obra y, por tanto, facilitando su repetición, o cuando entramos en este juego de justificaciones y nos vemos obligados a pagar con la misma moneda a la hora de juzgar las fotos de los demás.

No perdamos la perspectiva: la crítica fotográfica debe ayudarnos a mejorar, y no hay mejora posible sin señalar las debilidades de la obra ajena y reconocer las propias. No seamos indulgentes sino rigurosos en el desarrollo de la crítica fotográfica; todos saldremos ganando.

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