miércoles, 18 de mayo de 2016

Grandes portadas: Rumours

Toda una vida dedicada a la fotografía (como en casi todos los oficios) y te irás a la tumba sin que el Éxito con mayúsculas llame a tu puerta. Eso es lo más probable, pero en la industria de la música enlatada, allá en el siglo pasado cuando Internet aún no había puesto el negocio patas arriba, existía una remota posibilidad de triunfar a lo grande. Sólo hacía falta tener talento, suerte y, a veces, amigos.

La clave estaba en que te encargasen una foto para la portada de un disco que se convirtiese en un gran éxito de ventas. En aquellos días en los que el LP era el rey de la distribución musical, la portada era primordial para conseguir atraer la atención del amante de la música que quería conocer nuevos intérpretes. Los LPs se amontonaban en interminables hileras de mostradores donde los clientes los veían, antes de escucharlos. Una portada que llamase la atención y que diese pistas musicales sobre la obra que contenía era muy importante para la promoción de los artistas, y las casas discográficas se gastaban mucho dinero en conseguirlo.

Que te encargasen fotografías para una portada ya era todo un logro, pero si el disco pasaba sin pena ni gloria, la fotografía seguía su mismo camino hacia el olvido. Pero todo cambiaba cuando el disco triunfaba: la portada podía llegar a convertirse en un icono cultural y ser reconocida durante décadas, al igual que la música que ilustraba.

No sé si el protagonista de este artículo pensó alguna vez en conseguir algo tan importante. El hecho es que lo hizo, y a lo grande: 40 millones de discos vendidos sitúan a Rumours, el undécimo disco del grupo británico-estadounidense Fleetwood Mac, como su obra más popular y el sexto en la lista de discos más vendidos del planeta Tierra. ¡Todo un logro! ¿Cuántos fotógrafos pueden presumir de haber vendido 40 millones de copias de una de sus obras? Pues Herbert W. Worthington (1944-2013) lo consiguió con esta fotografía tan especial:


La grabación del disco auguraba cualquier cosa menos el éxito: el grupo estaba a la greña con peleas constantes entre sus miembros, debido a las relaciones sentimentales tormentosas entre las parejas formadas por Christine y John McVie (entonces recientemente divorciados) y por Stevie Nicks y Lindsey Buckingham; mientras que aquellos no se hablaban, éstos discutían continuamente. Para empeorar las cosas, la prensa especializada en música y cotilleos no dejaba de alimentar el fuego con continuos rumores sobre problemas en el seno del grupo. Con semejantes antecedentes, no es extraño que la grabación fuese larga y complicada.

La relación de Herbert Worthington con el grupo se basaba en la amistad personal con Stevie Nicks; en cierto modo era su fotógrafo personal. Su relación con la música data de los años 60, hasta el punto que aprendió fotografía de Ron Raffaelli, fotógrafo personal de Jimi Hendrix. No obstante, ha pasado a la historia musical y fotográfica por esta imagen. En ella vemos a MIck Fleetwood, vestido con un traje de reminiscencias renacentistas y con el pie apoyado en un escabel. La figura femenina es Stevie Nicks, vestida como Rhiannon, una suerte de Artemisa de la mitología celta que da nombre a una canción del disco anterior y cuyo traje utilizaba en sus actuaciones. La extraña relación entre las poses de ambos sujetos, sus miradas sustraídas a la cámara, la gran diagonal descendente que domina la composición, la utilización del blanco y negro contra un fondo crema y el reflejo en la bola de cristal contribuyen a crear un clima intimista y extraño, que oculta más que muestra e invita a averiguar qué hay detrás; en definitiva, a escuchar el disco.

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