sábado, 17 de junio de 2017

El Nikonista debe preocuparse

No hay que mirar mucho para encontrar a un nikonista, nombre coloquial que se le da en el mundillo de la fotografía a un usuario de equipo Nikon. La tradición de esta marca es legendaria, a un nivel que pocas empresas pueden alardear de tener.

Pero la fotografía es un negocio, y sus empresas, sin ventas y beneficios, languidecen y desaparecen. Tras la enorme embestida que sufrió el sector con la llegada de la digitalización, el subidón en las ventas y la revalorización de la fotografía como entretenimiento de masas, Nikon consiguió mantenerse en la más alto compitiendo de tú a tú con el gigante Canon, gracias en parte a una inteligente gestión de la compleja transición tecnológica a la fotografía digital.

Pero el tiempo pasó, inexorable, y llegó la segunda ola de la digitalización, esa que ningún fabricante del sector supo ver: la universalización de la cámara fotográfica como parte de los dispositivos móviles. Las consecuencias han sido terribles, la caída de las ventas, abismal, y la vuelta del sector a las cifras anteriores a la digitación, devastadora. No voy a extenderme sobre las causas porque no aporta nada relevante al tema tratado aquí, pero al menos citaré una muy relevante: la incapacidad de las cámaras fotográficas para integrarse en el mundo hiperconectado de las redes sociales.

La crisis actual ha pillado a Nikon celebrando su centenario. Amarga celebración, pues. Las ventas caen año tras año en sus dos actividades más importantes, fotografía y litografía para la fabricación de semiconductores. En la memoria financiera del ejercicio que finalizó en marzo de 2017 leemos:

"El grupo Nikon quiso asegurar crecimientos futuros basándose en la actualización del plan de dirección a medio plazo, anunciado en el año 2015, con la intención de convertirse en un grupo empresarial capaz de mantener un crecimiento sostenido mediante una mezcla de sus sectores tradicionales y de otros nuevos, orientados al crecimiento. Sin embargo, la división de litografía para semiconductores sigue arrojando pérdidas mientras que la división de productos para la imagen se enfrenta a un mercado que decrece más rápido de lo previsto, y el desarrollo de las nuevas áreas de negocio no está dando los resultados esperados.

Debido a estas circunstancias hemos cancelado el plan referido y en su lugar se ha puesto en marcha una reestructuración. Con la intención de aumentar nuestro valor corporativo, hemos cambiado de una estrategia que aumente la facturación a otra que aumente el beneficio."

Dicho claramente: tenemos que sacar más beneficios con menos ventas, año tras año. En este ejercicio las ventas se han reducido un 8,6%. Con las dos principales áreas de negocio tocadas, la de litografía para semiconductores perdiendo dinero y la de imagen perdiendo volumen de ventas, la respuesta de Nikon es todo un clásico: focalizarse en los productos de mayor valor añadido (los más rentables) y reducir costes a saco, incluyendo el despido de personal.

¿Por qué deben preocuparse los usuarios de equipos fotográficos Nikon? Por dos motivos.

El primero es obvio: las empresas que van mal no son dueñas de su futuro. Una venta, una quiebra o cualquier otro suceso similar hace que la continuidad de la marca esté en entredicho. Teniendo en cuenta que la inversión en equipo fotográfico es a largo plazo y depende de diferentes elementos alrededor de un estándar propietario impuesto por la marca, su continuidad es muy importante para el comprador. Desde este punto de vista comprar nuevo equipo Nikon, sea una cámara, un objetivo o un flash, resulta menos atractivo o más peligroso, como se quiera ver.

El segundo puede parecer una contradicción, pero no lo es. Hace falta una gran inversión financiera y tecnológica para que Nikon sea viable en el mundo de la fotografía a largo plazo. Por un lado tiene que resolver de una vez por todas la incapacidad de extraer las imágenes de sus cámaras y publicarlas en las redes sociales con rapidez y facilidad, lo que exige gran cantidad de un software complejo de escribir y caro de mantener. Por otro, tiene que abandonar la tecnología réflex de una vez por todas y evolucionar sus diseños a cámaras sin elementos móviles o muy caros como el espejo, el obturador mecánico de  cortinillas y el visor óptico. Es la única forma de generar beneficios en un mercado en contracción, ya que se eliminan los elementos más caros y complejos de fabricar, ensamblar y reparar. Sony ha marcado el camino con el nuevo sensor que equipa la cámara Alpha a9, un camino que tiene un coste elevado en investigación y desarrollo y que, cuanto más tarde y más despacio recorra Nikon más le perjudicará en el futuro y, llegado el caso, puede desencadenar su venta o su extinción.

Estos retos son importantes incluso para empresas grandes como Canon y Sony. La tarea es mucho más difícil para Nikon, una empresa más pequeña que las anteriores (lo que limita el presupuesto de I+D) y que atraviesa momentos financieros difíciles. La tentación del cortoplacismo está ahí; si Nikon sucumbe a ella, sigue evolucionando tímidamente sus cámaras réflex y no apuesta por la ruptura con la tecnología antigua, su situación no hará más que empeorar.

¿Y qué podemos hacer los nikonistas? La opción más lógica es esperar a ver qué pasa, evitando comprar nuevo material Nikon hasta que quede claro qué camino tecnológico seguirá la empresa para afrontar la era postréflex. La segunda opción consiste en aprovecharse de las ofertas en el mercado de segunda mano, gracias a los usuarios que migren a otras marcas como Canon y, sobre todo, Sony. La tercera opción es adelantarse a los acontecimientos y cambiar de marca, una decisión drástica por su elevado coste en dinero y en aprendizaje.

Toca estar atentos a los acontecimientos y esperar que Nikon pueda superar la crisis. La empresa y sus clientes se lo merecen.

lunes, 20 de febrero de 2017

Grandes portadas: Play

¿Cómo expresar la sutil combinación de control y libertad, de contención y salvajismo, de perfección y espontaneidad que tiene la música de este disco, la gran obra de Moby?

Play (1999) es su disco más conocido, publicado justo en la cumbre del negocio musical, que aunque ya empezaba a notar en sus carnes el mordisco de las descargas ilegales, seguía facturando cifras impensables hoy (38.600 millones de $ americanos frente a los 15.000 mllones de $ del año 2015). Era el fin del canto de cisne de una industria que seguía sin aceptar el cambio fundamental que suponía Internet y que se aferraba a su modo tradicional de producir y distribuir las creaciones de sus artistas.



Quizás por eso, porque había dinero  -y aunque el CD impuso una reducción notable del tamaño de la carátula frente al LP, disminuyendo su impacto visual- Play contó con un diseño muy bien trabajado por su directora artística, Ysabel Zu Innhausen Und Knyphausen (se llama así, lo juro), que eligió para hacer la foto de portada a Corinne Day. La imagen muestra a Moby en pleno salto, con una postura muy forzada, encajonado en la esquina superior derecha y parcialmente fuera del encuadre.

En la esquina opuesta, una mano anónima sujeta un flashímetro (probablemente un modelo fabricado por Sekonic). En medio, un gran espacio negativo formado por una pared verde cierra una composición simple pero efectiva, cargada de la dualidad desmadre-control que impera en el disco: el desparrame de la música electrónica con sus ritmos potentes y repetitivos se complementa con bases de la más diversa procedencia, cuidadosamente arropadas por las melodías de las guitarras. teclados y sintetizadores, todo suavidad y control. Como ejemplo, Run On. Moby toma como base "Run on for a long time", un clásico popular americano interpretado en este caso por un oscuro grupo gospel llamando Bill Landford & the Landfordaires, le añade una gran entrada de piano, una sencilla base rítmica y unos toques sutiles de guitarra, scratch y sintetizador, consiguiendo una puesta al día excelente.

En el vídeo oficial de la canción Moby la acompaña con una delirante historia de muerte y redención que transcurre entre la tierra y el cielo y está narrada al revés. No sé que es mejor, si el vídeo o la canción.

Play es, hasta el momento, el mayor éxito de Moby con 10 millones de copias vendidas y sigue gozando del favor de los publicistas, que aún hoy lo utilizan en sus anuncios. Pero volvamos al tema que nos ocupa, la foto de la potrada y su autora.


¿Quién fue Corinne Day (1962-2010)? Ninguna desconocida para los aficionados a la fotografía de moda, Estuvo en los dos lados de la cámara, primero como modelo (sin alcanzar el éxito, todo sea dicho) y luego, tras conocer al modelo Mark Szaszy que le enseñó el manejo de la cámara, como fotógrafa de moda. Cimentó su carrera en Milán para dar el salto a la revista británica de moda y cultura "The Face" (1980-2004), donde de la mano de Phil Bicker, su director artístico, alcanzó en 1990 una gran repercusión no exenta de polémica por las fotos del reportaje "El tercer verano del amor" en la que retrata a una jovencísima debutante Kate Moss en la antítesis de la foto de moda al uso, entonces cargada de maquillaje, lápiz de labios y retoque de las imperfecciones. La sesión causó polémica porque Kate posó en topless con sólo 16 años, algo impensable en la actualidad. Mirando mas allá de la anécdota, su estilo totalmente rompedor, cotidiano y pretendidamente descuidado revolucionó la fotografía de moda y lanzó la carrera profesional de Kate Moss. Otra muestra de su estilo, también con Kate, se puede ver en el reportaje de la edición inglesa de Vogue de junio de 1993 titulado "Under-exposure"

Pero Corinne es bastante más que una fotógrafa de género. Ella misma se define como una junkie de la cámara. Su visión integral del retrato como forma de narrar la vida personal le hizo pedirle a su compañero sentimental que llevase la cámara al hospital, cuando en 1996 sufrió un ataque en el que perdió la consciencia y se le descubrió un tumor cerebral con el que luchó hasta su muerte. Las fotografías de su libro "Diary" muestran su vida y la de las personas con las que se relacionaba en los 90, en un tono crudo y sin omitir momentos que cualquier otro ocultaría a la cámara. No hay duda que Corinne Day era una fotógrafa rebelde con las convenciones al uso, valiente  y comprometida con su idea y su estilo de narrar visualmente, aunque le supusiese críticas adversas y la incomprensión de una parte de la opinión pública.

sábado, 28 de enero de 2017

Un recuerdo perturbador

El jueves pasado me desperté en la cama de la sala de observación de las urgencias de un hospital. Serían las siete de la tarde y apenas tenía recuerdos de ese día, ninguno fuera de ese lugar. El resto del día había desaparecido y, de momento, sigue igual.

Una caída de la bici con traumatismo craneal leve (gracias al casco, la cosa no fue a más) es la responsable de ese periodo de amnesia que, seguramente, nunca recuperaré. Por la noche, ya en casa y bastante dolorido, trasteando con el móvil veo con sorpresa unas fotos de ese mismo día, por la mañana, unas horas antes de la caída, en la que aparezco en un descanso con los compañeros de ruta en la típica foto de hemos-estado-allí, destinada a ser compartida en una red social y olvidada al instante.



Siempre he valorado al importancia de la fotografía como herramienta para guardar la pequeña e íntima historia de nuestra vida: los lugares y las personas que nos rodean y dan sentido temporal y espacial a nuestra existencia. Creo que son un excelente atizador de las brasas de nuestros recuerdos. Sin embargo, nunca me había visto reflejado en un momento tan cercano como si fuese un completo extraño. sin saber que hice, dije o pensé en aquel momento y en aquel lugar. ¡Qué recuerdo perturbador! No sé si alguna vez volverá a mi memoria lo pasado en esas horas, si ese que me mira desde la fotografía dejará de ser una parte de mí algo extraña e inquietante. Otra dimensión de la fotografía en la que no solemos reparar hasta que se dan las circunstancias precisas.