domingo, 2 de julio de 2017

¿Estás protegido contra el secuestro de tu archivo fotográfico?

Robert Emerson Landsburg estaba el 18 de mayo de 1980 a las 8:32 horas en las proximidades del monte Santa Helena, situado en el estado de Washington (EE UU), documentando con su cámara la reciente actividad volcánica que se manifestaba en emisiones de vapor que, junto con temblores de tierra, se habían sucedido durante los dos meses previos. La brutal erupción que se produjo en ese instante se calcula que tuvo una potencia equivalente a 500 bombas atómicas y produjo una enorme nube de ceniza y la destrucción de la cara norte de la montaña.

Viendo la enorme avalancha de ceniza ardiente que se acercaba a gran velocidad, Robert decidió que no había escapatoria posible, siguió haciendo fotos y con una increíble sangre fría en el último momento rebobinó el carrete, lo guardó cuidadosamente en su mochila y la protegió con su cuerpo. Así se encontró su cadáver. Se reveló el carrete y se salvaron algunas fotos, como las dos de la izquierda que muestran lo que vio antes de morir.

Sin llegar a estos extremos (¿cuántos de nosotros protegeríamos nuestras fotos con el cuerpo, aún a costa de perder la vida?), tenemos que ser conscientes que nuestro trabajo, nuestra afición y, en definitiva, nuestra pasión por la fotografía se acaba convirtiendo en archivos digitales. De entre las múltiples amenazas que afectan a su conservación, últimamente se oye hablar mucho del secuestro de datos (ransomware), que consiste en el cifrado de los datos del ordenador infectado por un programa malicioso y la posterior petición de un rescate en dinero para facilitar a cambio la clave de descifrado. Aunque se pague el rescate, no hay garantía de que envíen la clave de descifrado o que ésta funcione correctamente, lo que equivale a la pérdida definitiva de todos los archivos afectados.

¿Qué ocurriría si un día enciendes tu ordenador y te encuentras con un mensaje que advierte del cifrado de todas tus fotos? ¿Estás preparado para esta situación?

En los cursos de fotografía que imparto regularmente me sorprende la poca atención que se presta a la conservación y protección de las fotografías. Es verdad que apenas hay fotógrafos que no hagan copias de seguridad de sus archivos, pero muchas veces no se hacen con la frecuencia o el método adecuados. Para esta tarea aconsejo utilizar un disco externo como destino de la copia y un programa que automatice el proceso. Desgraciadamente, el secuestro de datos puede invalidar esta protección si no tenemos la precaución de mantener apagado el disco donde se almacenan las copias de seguridad, ya que el secuestro de datos cifrará los archivos de todos los discos conectados en el momento del ataque.

¿Cómo tenemos que adaptar la estrategia para la conservación de nuestros archivos fotográficos ante este nuevo tipo de ataque?

Primero. Pongámonos en la peor situación posible: el secuestro de datos se llega a producir. Por mucho antivirus (que cada vez son menos eficaces) o por mucha precaución que tengamos a la hora de gestionar el correo o de acceder a páginas web, no podemos tener la seguridad absoluta de estar protegidos. Al igual que pueden robar nuestra vivienda o nuestro coche, ser atracados en el cajero o ser víctima de cualquier otro delito contra nuestras pertenencias, pueden secuestrar nuestros datos. La seguridad absoluta, física o digital, no existe.

Segundo. Mantengamos al mínimo la información accesible al atacante, ya que los ficheros que no son accesibles no pueden ser atacados. Aparte del disco del sistema, imprescindible para que funcione el ordenador y que siempre está conectado, llevemos la información importante que no sea de acceso diario a discos duros externos, que sólo conectaremos cuando tengamos que acceder a su contenido y apagaremos una vez hayamos finalizado lo que tuviésemos que hacer. Dado que los fabricantes ahorran en cosas inverosímiles para reducir el coste de fabricación de sus productos, la mayoría de los discos duros externos carecen de interruptor, por lo que es imprescindible conectarlos al suministro eléctrico a través de una regleta con interruptores individuales para cada enchufe. De esta forma los podremos encender y apagar a voluntad. Siguiendo esta regla, siempre aconsejo ubicar los originales de las fotografías en un único disco externo.

Tercero. Utilicemos siempre un disco externo para que albergue la copia de seguridad de la información importante, conectado de la misma forma que se describe en el punto anterior. Este disco sólo se enciende cuando se va a realizar la copia de seguridad, y se apaga una vez finalizada. De esta forma minimizamos la ventana de tiempo en la que está accesible tanto la información original como su copia de seguridad.

Cuarto. Aún con todas las precauciones expuestas, hay un momento en que un secuestro de datos sería devastador. ¿Lo has adivinado? En efecto, es el tiempo en que se realiza la copia de seguridad, puesto que tanto el disco con la información original como el que contiene la copia de seguridad son accesibles (de otra forma sería imposible hacer la copia). Bien es verdad que las probabilidades de ser atacado justo en ese momento son pequeñas pero ¿por qué arriesgarse si hay una solución a este punto débil? La solución pasa por tener un segundo disco externo para almacenar la copia de seguridad. Una buena opción es elegir un disco duro portátil, alimentado por la conexión USB, en el que hacer las copias con una frecuencia menor que en el disco del tercer punto, y que se puede almacenar en una ubicación física distinta si queremos protegernos de la pérdida del ordenador y los discos duros externos por robo o incendio. En el momento de conectar este disco duro para hacer la copia de seguridad sólo necesitamos tener accesible el disco en el que reside la información original. El disco que utilizamos para las copias de seguridad habituales estará apagado y portegido.

Hay muchas variantes posibles de esta estrategia, pero siempre respetando que nunca estén conectados simultáneamente los tres discos involucrados: el que contiene la información, el que se destina a las copias de seguridad habituales y el que se destina a las copias de seguridad esporádicas. De esta forma podremos rescatar nuestras fotografías (o al menos su gran mayoría) si sufrimos un episodio de secuestro de datos.