viernes, 29 de noviembre de 2013

Ver fotos, pensar fotos.

Hablemos de dos de los defectos más comunes que afectan a los fotógrafos aficionados.

¿Vemos suficientes fotos? No. En plena madurez de Internet, no tenemos excusa. Antes, ver fotografía de calidad era caro y difícil. Había que recurrir al limitado caudal de exposiciones (de calidad, la basura siempre abunda) de tu ciudad, o los caros libros de fotografía. El que no tenía dinero o vivía alejado de una gran ciudad, lo tenía complicado.

Pero hoy no: Internet ha democratizado muchas cosas, entre ellas el conocimiento de la obra de muchos fotógrafos. Basta dedicar cinco minutos al Todopoderoso Buscador para acabar ante buenos ejemplos de cualquiera de nuestros fotógrafos favoritos.

¿Y por qué pararse en lo ya conocido? No cuesta nada aventurarse en la búsqueda de nuevos nombres: el caudal de obra gráfica que llega a la red es muy grande. Mira páginas de referencia, lee opiniones de otros en diarios y páginas dedicadas a la fotografía. Seguro que descubres grandes fotos de autores desconocidos. Ver buenas fotografías es un excelente alimento para la creatividad del fotógrafo.

Pero no basta con abonar el suelo creativo con imágenes; hay que hacerlas crecer. Un excelente ejercicio para curarnos del mal de la instantánea es pensar la fotografía. Consiste en imaginar el resultado y manipular la escena de modo activo para obtener la imagen deseada.

Hay muchas formas de hacerlo: obtener un punto de vista diferente de un lugar conocido, esbozar en papel el resultado final, esperar la luz deseada en un paisaje, introducir objetos de manera deliberada en la escena, elegir la pose, el fondo o el atrezzo de un retrato... En definitiva, construir la imagen en nuestra imaginación, y trabajar para conseguirla. No sólo obtendrás mejores fotografías, descubrirás que hacerlo es todo un reto, lleva trabajo y da muchas satisfacciones (además de algún que otro desengaño)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¡Qué alegría!

Una de mis fotos ha resultado ganadora del I Concurso Fotográfico Ruta dels Ibers València, Fotoibers 2013, organizado por el Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia.

Mi enhorabuena a todos los fotógrafos seleccionados (cuyas obras formarán parte de la exposición que se inaugurará el próximo mes) y, en especial, a Emilio Rubio, ganador del segundo premio.

2013 ha sido un buen año en cuanto a concursos; en mayo gané el III concurso fotográfico organizado por la hermandad de María Santísima de las Angustias, perteneciente a la Semana Santa Marinera de Valencia. Mi foto ilustrará la portada del libro de la hermandad correspondiente a la Semana Santa del próximo año.

También en este mes gané el concurso para socios de la AVFD "Fallas 2013"

Lo dicho, una gran alegría.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Doble salto mortal con tirabuzón.

Cierta parte de la industria fotográfica, y me refiero a algunos fabricantes de cámaras, están jugando a un juego peligroso. A las empresas se les da mal los saltos al vacío, las piruetas acrobáticas. Funcionan mejor cuando pulen un paradigma probado y lo mejoran pasito a pasito; sobre todo, las japonesas.

Esta mañana leía las primeras impresiones sobre las nuevas Sony de paso universal y sin espejo, las Alpha 7 (24 Mpíxeles) y 7R (36 Mpíxeles). Cuando leí su anuncio, me pareció una apuesta arriesgada, dado que Sony lleva invirtiendo mucho dinero y esfuerzo en el desarrollo de la gama NEX, cámaras con sensor APS y sin espejo. Abrir dos frentes con sensores de diferente tamaño, con la incompatibilidad de objetivos que supone, es peligroso, siembra dudas en tu base de clientes y supone aumentar los esfuerzos para desarrollar los elementos básicos de la cámara (medición, enfoque, obturación, etc.) Especialmente en una tecnología que está en su fase inicial. Veamos el porqué de esta afirmación.

Las cámaras sin espejo, sin piezas móviles (salvo el obturador, y ya caerá, ya), son el Santo Grial de los departamentos de desarrollo de todos los fabricantes de cámaras, sdemás de las sucesoras del concepto réflex, que tan bien ha servido a la comunidad fotográfica durante varias decenas de años. Pero la digitalización es imparable y exige sacrificios para mejorar los productos a la vez que se abaratan los costes; los elementos mecánicos de precisión son caros y exigen mano de obra especializada para su montaje, su calibración y su mantenimiento: muerte pues en lugar de susto.

Por contra, las cámaras sin espejo no sólo lo eliminan, se cargan también el subsistema de enfoque y el visor óptico. Todo se hace a partir de la señal de vídeo del sensor, que se lleva a la pantalla trasera, al visor (disponible en la gama alta) y se utiliza por el procesador (ese chip que lo hace todo) para enfocar. Y aquí aparece el principal problema: el sistema de enfoque utilizado en estas cámaras, denominado detección de contraste, es claramente inferior al propio de las cámaras réflex (detección de fase), muy perfeccionado tras décadas de mejoras continuas.

El problema fundamental del rendimiento del enfoque en las cámaras sin espejo es la rapidez de respuesta, lo que las hace inservibles para seguimiento de sujetos en movimiento. Renunciar a la fotografía de acción es inviable para los grandes fabricantes, como Canon y Nikon, por lo que siguen -muy a su pesar- ofreciendo cámaras réflex en sus gamas media y alta. Peor para ellos, piensan los demás, ansiosos por comerse todo el trozo del pastel que puedan arrebatar a los dos grandes.

El tiempo pasa y los que llegaron primero (Olympus y Panasonic), han demostrado que sus cámaras sin espejo son capaces de enfocar a sujetos estáticos con la misma precisión y rapidez que sus equivalentes réflex. Pero hay una limitación insalvable en la detección de contraste si se quiere llegar a un resultado satisfactorio para la foto de acción: la respuesta está en dotar a los sensores de imagen de la tecnología de detección de fase, unificando en un dispositivo las funciones de captura de imagen y de información precisa y rápida para el enfoque.

No voy a aburrirte, querido lextor, con detalles técnicos. Baste decir que, de momento, las cámaras sin espejo siguen sin estar a la altura de sus competidoras a la hora de enfocar sujetos en movimiento; quien más ha avanzado -desde mi punto de vista- es Canon con la 70D, aunque, en un sabio nadar y guardar la ropa, lo utiliza sólo para grabar vídeo, manteniendo el subsistema de enfoque tradicional de las réflex para la captura de fotos.

Y volviendo al origen de este comentario, me sorprende leer en DPRview los pobres resultados del enfoque con sujetos estáticos de la Alpha 7, porque de las dos, es la que incorpora la detección de fase en el sensor, mientras que su hermana de mayor resolución, la 7R, se contenta con el "tradicional" de detección de contraste y ofrece buenos resultados, mejores que los de la 7.

¿Por qué tantos frentes abiertos en una tecnología que necesita pulido y abrillantado? ¿Hemos llegado a la sinrazón de sacar cámaras nuevas que son versiones beta en vez de productos acabados? Yo. de momento, sigo fiel a mi vieja réflex digital que ofrece resultados en vez de promesas incumplidas.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La nueva moda: cámaras retro

Impresionante. No tengo palabras.

Tras refinar hasta la extenuación el concepto réflex para adaptarlo al sensor digital, comenzó la desbandada. Todos los fabricantes, excepto la santa dualidad (Nikon-Canon), se echaron al monte para acabar con las tripas del sistema réflex: los espejos (que son dos) y el visor óptico: Oly, Panasonic (el chico nuevo en el barrio), Sony, Fuji... Casi lo han logrado, pero no pueden con la física; lo que se ve en un visor electrónico es siempre el pasado.

Bueno, ahí estaban, hasta que a los de Fuji les dio por rescatar el espíritu sesentero, ese de las cámaras de película donde todos los controles eran mecánicos, y a los demás por seguirle. Para los jóvenes y los maduros con mala memoria, me estoy refiriendo a esto (Nikon FE, finales de los 70):


El proceso de la exposición y su control es muy sencillo: primero, se selecciona en la rueda de la izquierda la sensibilidad de la película (y mientras quedase carrete, uno se olvida de este parámetro). Luego, se fija la abertura del diafragma con el anillo situado en el objetivo (parte superior central). Finalmente, se selecciona el tiempo de exposición con la rueda situada a la derecha, hasta que en el visor la aguja del exposímetro queda en el centro. Subexponer o sobreexponer es pan comido: se gira en el sentido de las agujas del reloj un clic el control de la abertura o el del tiempo de exposición para subexponer 1 EV (o al revés para sobreexponer). Simple, coherente y elegante, ¿no?

En la era digital todo es más confuso. En especial, el control de la exposición: varios modos automáticos, escenas, PASM (o PAvTvM en Canon), ruedas, diales, menús... muchas formas de hacer una sóla cosa. A veces la libertad exige pagar un precio. Asombra ver cuántos fotógrafos no tienen claro el método que deben seguir para el cálculo de la exposición, y ni siquiera entienden que se necesite un método para no perderse en una interfaz de usuario tan confusa.

Veamos qué ofrece Fuji en su línea X de cámaras y objetivos "nostálgicos":


La Serie X, a pesar de su apariencia antigua, es un sistema completamente nuevo, tanto en las cámaras como en los objetivos, y dotado de sensor digital. Vemos que la selección de la abertura no ha cambiado, así como el tiempo de exposición. ¿Y la sensibilidad? Se ha perdido el control mecánico; hay que hacerlo al modo tradicional de la era digital: menú y pantalla (o botón y pantalla), pero da lo mismo, hay que pulsar un botón, girar una rueda de control y verificar en la pantalla o en el visor el valor seleccionado.

A cambio, aparece en la parte inferior derecha un control mecánico de la compensación de la exposición, funcional sólo en los modos de exposición semiautomáticos o automático. ¡El pasado nunca vuelve del todo!

Y para cerrar el círculo, veamos cómo Nikon ha reencarnado la FE en su ultimísimo modelo (con sensor digital, of course), un auténtico canto de sirena para nostálgicos de un tiempo que no volverá; la Df.


 Resulta familiar, ¿no? La rueda de selección de la sensibilidad a la izquierda (con el extra del control de compensación de la exposición en la parte superior), el control del tiempo de exposición en la parte derecha, un selector del modo de exposición (MASP) en el borde derecho... ¿no falta algo?

Pues falta el anillo de selección de la abertura en el objetivo. Porque el tiempo no pasa en balde, y esos anillos mecánicos se sustituyeron por un control electrónico residente en la cámara. Así que, si te has venido arriba pensando que podrás disparar como lo hacían tus padres y abuelos (o tú, si eres lo suficientemente mayor), olvídalo. Mira más de cerca la imagen: verás dos ruedas de control, situadas en la parte derecha de las caras anterior y posterior de la cámara. La delantera está en posición vertical, mientras que la posterior ocupa la posición horizontal, más habitual. Sintetizando, se mantiene la interfaz de usuario que ha dominado las cámaras de los últimos 20 años, a la que se añade un intento de remake con toda esa profusión de ruedas -y mecanismos de bloqueo-, más estético que práctico.

A pesar de todo y para los atascados que -de verdad- quieran repetir la experiencia del pasado (la cámara es compatible con todos los objetivos de montura F desde la creación del Universo), basta remontarse hacia atrás en el tiempo para encontrar objetivos Nikkor con anillo mecánico de enfoque. Yo mismo he estado tentado durante un par de segundos para vender mi equipo Nikon y comprar la Df, el 35 mm. F2 D, el 135 F2 DC y echarme al monte de la nostalgia... Pero solo ha sido un par de segundos. Mi D700 siguen siendo lo más parecido a un clásico que haya fabricado Nikon en la era digital, y cuenta con una interfaz de uso propia del siglo XXI.