lunes, 18 de abril de 2011

Algunos falsos lugares comunes sobre objetivos (I)

Para los apasionados de la fotografía, la compra de una cámara con objetivos intercambiables no es más que el comienzo de una dolorosa sucesión de compras/dispendios de accesorios y -sobre todo- de objetivos. Así ha sido, es y será. ¿Seguro? Algunos piensan que no. Que con un objetivo ultrazoom de tropecientos-X aumentos van sobrados. Y digo yo, ¿para qué gastarse una pasta en una cámara que permite cambiar objetivos, si sólo le vas a poner uno? Es un asunto misterioso, habida cuenta el papel primordial que tiene una buena óptica en el resultado final de la fotografía. ¿No irían mejor servidos con una compacta ultrazoom? Vale, ésta da menos calidad cuando se utilizan sensibilidades altas, pero... Si nos ponemos "finos" a la hora de evaluar la calidad de una imagen en el apartado del ruido y el rango dinámico (principales víctimas de las altas sensibilidades), ¿por qué tolerar altas dosis de distorsión geométrica, de aberración cromática, de viñeteado o de falta de nitidez en las focales largas? Son males inseparables de los objetivos elegidos para ser montados en la cámara y no cambiarlos nunca.

Lo dicho, un misterio para un servidor.

Otro lugar común, leído frecuentemente en los foros, es éste: "Entre el objetivo Tal y el Pascual me quedo con el primero. El segundo es profesional y yo soy un aficionado que no vive de ésto". Vale, el Pascual vale tres veces más, y sólo por ser algo más luminoso, o por tener algo más de alcance focal, o por llamarse Zeiss o por llevar un aro rojo o dorado. Bueno, ¿y qué? No hay objetivos para aficionados o profesionales, por la sencilla razón que no hay tornillos o tuercas así. Un objetivo es una herramienta, y puede ser bueno o malo, estar mejor o peor construido, y nada más. En fotografía la profesionalidad es un concepto tan vago que la única forma de definirlo es por la licencia fiscal y los ingresos que consigue: el profesional vive, total o parcialmente de la fotografía, y el aficionado no.

¿Es esto óbice para que no haya aficionados que exijan mucho más a un objetivo que un profesional? Pues claro que no; cada uno le pide a su equipo en función de dónde y cómo fotografía y de la calidad esperada. Conviene reformular la pregunta: "¿Qué objetivo cumplirá las exigencias que necesito?" Si me lo puedo o no pagar, es otra casa...

Seguirá.