jueves, 10 de abril de 2014

¿Homenaje o plagio?

Ayer ví la última peli del gran Woody Allen, Blue Jasmine, que se podría traducir por "La triste Jasmine". A mitad de película, en la escena del combate de boxeo televisado, me quedó claro que el autor había fusilado el argumento de la gran obra de teatro de Tenesee Williams, magistralmente llevada al cine por Elia Kazan, "Un tranvía llamado deseo". ¿Homenaje o plagio?

De las muchas cosas que la gran película nos dejó, aparte de esa magistral interpretación de Vivien Leight en el papel de Blanche DuBois, está la anécdota de la camiseta interior y su influencia en la moda masculina. La cosa es, más o menos, así: a mediados de los treinta, Clark Gable protagonizó "Ocurrió una noche", comedia nada despreciable y en la que aparecía con el torso desnudo cuando se quitaba la camisa. Tal fue su tirón que se puso de moda entre los hombres prescindir de la camiseta interior como parte de su vestimenta. Pues bien, Marlon Brando se pasa media película vistiendo dicha prenda en el Tranvía y la volvió a poner de moda, para regocijo de la industria textil.

Bien es verdad que Woody Allen puede hacer lo que de la gana en el cine, porque él ha hecho muchas y buenas películas, y nadie le va a dar lecciones en este campo. También es cierta su admiración por El Tranvía, como lo muestra en la escena de la desprogramación del protagonista  de "El Dormilón", cuando Miles Monroe -Woody, por supuesto- se ve preso de la confusión mientras sufre una sesión chapucera de regresión psicoanalista y se cree Blanche DuBois por unos instantes. Pero me deja un regusto agridulce ver que en su última película, por cierto muy bien hecha, se ha ahorrado el esfuerzo de buscar un argumento. Si tanto le gusta el Tranvía, ¿por qué no rueda una versión de la misma con el nombre de Tennessee Williams en los créditos?

¿Y qué tiene que ver esto con la fotografía? Pues que cada vez resulta más difícil producir una obra de calidad suficiente para alcanzar la fama y el reconocimiento en el mundillo fotográfico globalizado y dominado por Internet, o simplemente ocurre que los fotógrafos jóvenes no tienen la paciencia de dedicar una vida entera a desarrollar un estilo propio que dé lugar a una obra sólida, y prefieren tomar atajos. Uno que me llamó la atención, y que ayer me vino a la memoria, es el trabajo de Mike Stimpson y su recreación, con figuras de Lego, de obras maestras de la h istoria fotográfica. Vale, es una forma simpática e ingeniosa de darse a conocer pero... ¿no resulta algo tramposo?

¿Dónde acaba la sincera admiración y empieza la picardía?

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