martes, 11 de marzo de 2014

El concepto del activo fotográfico

La digitalización de la fotografía ha cambiado muchas cosas. En este artículo me referiré al cambio en el tamaño y en la naturaleza de los productos de nuestra afición: las fotos. Pero esta vez, voy a enfocarlo desde un punto de vista meramente económico, asimilando las fotos a cualquier otro producto manufacturado.

Para producir nuestras fotografías necesitamos equipo, tiempo, viajes, etc. Son los costes de producción. Todos los fotógrafos los conocen muy bien, pero ¿qué pasa una vez tenemos las fotos en la tarjeta de nuestra cámara?

Aquí empieza otra fase del proceso productivo que nos lleva al producto final: las fotos retocadas, almacenadas, publicadas o impresas. Como si de un activo financiero se tratase, le llamaré Activo Fotográfico.

Como todo activo, tiene unos costes de producción y mantenimiento, y nos da un rendimiento. Si eres fotógrafo profesional, obtendrás ingresos con su venta. Si eres aficionado, el rendimiento no se mide en dinero, lo que no quiere decir que no exista; de hecho, un valor sentimental o estético que puede ser muy elevado para su dueño.

Volvamos a las fotos en la tarjeta. La siguiente fase productiva está clara para casi todos: hay que descargarlas al ordenador y procesarlas. Aquí empiezan las discrepancias: para muchos, el concepto de proceso se reduce al retoque con un programa de edición (Photoshop, Lightroom, Captur One, DPP, Capture NX2, etc.) Pero se puede -y creo que se debe- ir más lejos: el retoque debe ir unido a un proceso de catalogación que garantice dos objetivos: conservar las fotos para el futuro y facilitar su búsqueda. Aquí es dónde la mayoría de nosotros pecamos de optimistas y de vagos, y así nos va: encontrar una foto tomada hace 10 años en medio de una colección de 35.000 suele ser una tarea muy lenta, tediosa y sin garantías de éxito, salvo que hayamos sido rigurosos en el proceso de catalogación.

Y si hablamos de conservar nuestro activo fotográfico, me vienen a la memoria situaciones catastróficas por la ausencia de elementos tan básicos como una copia de respaldo de nuestras fotos. Todavía me encuentro con fotógrafos que ni siquiera tienen protegida su colección de fotos con una copia, o consideran esta tarea poco prioritaria. Supongo que creen indestructible el disco duro de su ordenador. ¡Ay, ay, ay!

En artículos sucesivo volveré sobre este tema, centrándome en aspectos específicos. De momento, baste con levantar la voz de alarma para que nos fijemos en estas tareas y les prestemos la atención que se merecen. ¡Cuida y protege tu activo fotográfico!

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