La terea.
Abramos otro melón: el de la clasificación, catalogación o documentación, como queremos llamarlo. Todos estamos de acuerdo en que de nada sirve tener una extensa colección de fotografías bien organizadas en una estructura de ficheros y procesadas a nuestro gusto si luego somos incapaces de encontrarlas. Es la estrategia del banco de peces para defenderse de los depredadores que se vuelve contra los intereses del fotógrafo: solo algunos son visibles, los situados en los bordes del banco. Como ejemplo, la foto inferior se "ocultó" hábilmente a pesar de que procuro denominar las carpetas de aerdo a un esquema claro y riguroso. Era una foto hecha para una exposición sobre lectura en una biblioteca. Aunque la busqué por "libro" y "biblioteca" no la encontraba; pasé por alto que en Valencia se hablan dos idiomas. La exposición se llamó: "Obri un llibre", y así lo trasladé al nombre de la carpeta.
Por tanto tenemos una tarea más por delante si queremos un AF plenamente funcional: documentar nuestras fotos.
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| ¡Qué fácil es perder una foto! |
El dilema.
Aquí hay que abrir un paréntesis, porque estamos en medio de una revolución que, probablemente, cambiará la forma de documentar las fotografías. Estas contienen toda la información necesaria en forma visual; pero dadas las limitaciones actuales de la informática, el proceso de documentación debe trasladar al lenguaje escrito parte de esta información para que sea accesible con las herramientas de búsqueda textual disponibles. Todavía no disponemos de herramientas fiables que resuelvan la interrogación visual, es decir, que identifiquen visualmente elementos de una imagen a partir de una interrogación escrita en lenguaje común y corriente. Herramientas que permitan seleccionar una serie de términos (por ejemplo, aeropuerto, agua, amanecer, multitud, tristeza...) y nos devuelvan las imágenes que contengan estos términos en su contenido visual, sin omitir ninguna (falsos negativos) y sin incluir las que no los contengan (falsos positivos).
Hasta ahora. El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) ha llegado a un punto en el que esta terea, hasta ahora imposible, está a punto de convertirse en rutinaria. Pero todavía no lo ha hecho, así que tenemos un dilema: esperar a que la IA resuelva el problema de la interrogación visual o lo hacemos a la antigua, examinando las fotografías y traduciendo sus contenido visual que nos interese a palabras para permitir las búsquedas textuales.
A la antigua.
Para los lectores que no pueden esperar, que necesitan documentar su AF para obtener unos capacidad elevada de búsqueda, o para los escépticos sobre el futuro de la IA, voy a describir el estado actual de esta tarea, aún a sabiendas de que en uno o dos años la IA podría alcanzar el grado de integración, privacidad y fiabilidad necesarios para que esta tarea se resuelva con una simple interrogación a uno de sus agentes.
Tipos de datos documentales.
Metadatos.
Forman parte del archivo que contiene la fotografía, y en su mayor parte se escriben automáticamente por la cámara y manualmente por las aplicaciones de procesado de fotografías. Aunque no existe una estandarización completa, hay dos grupos de metadatos que están presentes en las fotografías obtenidas por las cámaras digitales actuales:
- EXIF: estándar de documentación de fotografías creado por varias asociaciones profesionales relacionadas con la industria fotográfica, como CIPA o JEITA. Contiene datos referentes a los ajustes de la cámara (apertura, tiempo de exposición, sensibilidad, uso del flash, etc.), el tamaño y la descripción de la imagen, la fecha y la hora de su realización, la geolocalización y algunos datos sobre propiedad intelectual.
- IPTC: creado por la organización del mismo nombre y enfocado a un uso profesional, incluye información sobre la propiedad de la fotografía y los derechos de reproducción, así como la descripción o pie de foto y la lista de palabras clave que la documentan.
La característica principal de los metadatos es su ubicación en el archivo de la fotografía. Donde vaya esta van los metadatos, lo que permite interrogarlos independientemente de la aplicación fotográfica que se utilice para generar las fotografías procesadas. Obviamente, en el modelo dual establecido para el AF, las imágenes procesadas tienen que heredar los metadatos de las fotografías originales e incluir además los generados por la aplicación de procesado, como la descripción o las palabras clave que hayamos introducido durante la documentación. Este es el caso de Lightroom Classic.
Datos documentales de la aplicación de procesado.
La labor de documentación va más allá de lo que una estructura de datos adjuntos a cada fotografía pueden soportar. Para comprenderlo mejor, me centraré en un ejemplo concreto: las capacidades de documentación de Lightroom Classic (LrC).
Esta aplicación dispone de diversos mecanismos para documentar las fotografías:
- Banderas: blanca para marcar las mejores fotos, negra para marcar las fotos a eliminar.
- Clasificación: de una a cinco estrellas. Permite refinar la selección por bandera blanca
- Color del marco de la diapositiva: En la vista de cuadrícula se muestran las fotografías siguiendo un símil que imita a un conjunto de diapositivas. El color y el texto que figuran en el marco se pueden configurar; en particular, hay disponibles cinco colores más el gris. El significado de los colores es libre y depende de la voluntad del fotógrafo.
- Árbol de palabras clave: permite crear una estructura anidada en forma de árbol de palabras clave, cuyo significado pase del ámbito general al particular. Por ejemplo, es posible crear un nivel denominado lugar, seguido del nivel de país, provincia y municipio. La selección de una palabra clave de nivel inferior puede arrastrar, si así se desea, las palabras clave de niveles superiores, de tal forma que, siguiendo con el ejemplo anterior, si marcamos una fotografía con la palabra clave "Gandía", en la fotografía procesada se incluirían como metadatos "Gandía", "Valencia" y "España",
- Colecciones estáticas. LrC permite la creación de carpetas virtuales denominadas colecciones, que se distinguen de las carpetas en que no se reflejan en la estructura de ficheros subyacente. Se pueblan copiando y pegando desde el contenido de las carpetas, pero a diferencia de estas, las fotografías de una colección sólo figuran en LrC y no ocupan lugar en el disco. Obviamente, no hay forma de acceder a ellas salvo desde la propia aplicación.
- Colecciones dinámicas (inteligentes). Se pueblan con el resultado de una consulta definida en LrC mediante un poderoso lenguaje gráfico de interrogación, que tiene acceso a toda la información disponible en la aplicación. Aunque se denominen "inteligentes" en LrC, prefiero el término "dinámicas" porque su contenido puede variar cada vez que se acceda, porque se han modificado los datos asociados a cada fotografía. Su funcionamiento lo veremos con más detalle en la siguiente entrada sobre el AF.
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| Ventana de LrC con algunas herramientas de catalogación: Banderas, color del marco y árbol de palabras clave parcialmente desplegado |
El árbol de palabras clave.
Es la herramienta de documentación más poderosa de LrC. Se pueden definir tantas ramas del árbol como se quiera, y cada rama puede tener tantos niveles como sea necesario para plasmar la jerarquía deseada. Las ramas se pueden desplegar y contraer a voluntad en cualquier nivel. Al lado de cada palabra clave figura el número de fotos que la contienen y hay un atajo para mostrar una selección de las mismas en el panel central.
La definición de una palabra clave consta del nombre y de sus posibles sinónimos. Además, se puede afinar su comportamiento durante la exportación para incluirla en los metadatos de la foto exportada, así como las palabras clave superiores en la jerarquía, incluidos los sinónimos.
¿Cuál es la utilidad de este mecanismo de documentación? Como he comentado previamente, mientras la IA no haga exactamente este trabajo con precisión y respetando la privacidad, es la única manera de clasificar el material visual de forma rigurosa, pero tiene varios defectos.
El primero y principal es la cantidad de trabajo que supone. Todas y cada una de las fotos de nuestro AF debe validarse frente al árbol de palabras clave para asignar las que le correspondan. Llegado el caso, será necesario crear alguna nueva para documentar correctamente una determinada foto, por lo que el árbol de palabras clave se va modificando a medida que avanzamos en el proceso de documentación. Es un trabajo intenso y repetitivo, comparable a la escritura de los metadatos Pie de foto y Descripción.
El segundo y más peliagudo, desde mi punto de vista, es la creación de las ramas principales (el primer nivel). Cada una de estas ramas debe coincidir con un criterio de clasificación que debe complementar el criterio establecido en el árbol de carpetas de nuestro AF. En mi caso elegí como criterios los siguientes:
- Evento (qué acontecimiento o suceso fotografío).
- Lugar (dónde se hizo la fotografía).
- Proyecto Fotográfico (discurso hecho con fotografías que responden a la expresión de una idea gráfica concreta).
- Sujeto (quién aparece en la fotografía).
- Tipo de fotografía (o género fotográfico, determinado por la temática, el propósito y la técnica).
En la imagen superior se puede ver desplegado un nivel la rama correspondiente a los eventos.
Obviamente, cada fotógrafo definirá los criterios que considere adecuados. Es importante que no se decida precipitadamente, porque condicionará tanto al trabajo de documentación como la facilidad con la que se accederá a las fotografías documentadas.
Es especialmente difícil mantener una coherencia con los criterios establecidos inicialmente cuando el AF avanza en el tiempo, lo que obliga a revisarlos y, por tanto, a corregir retroactivamente la asignación de palabras clave si queremos mantener un cierto nivel de coherencia y sistematización en todo el AF.
Otro problema grave es lo que llamo la trampa del detalle. Si pretendemos ser minuciosos, con muchos criterios de clasificación y muchas palabras clave por criterio, la asignación de las mismas se hace lenta y tediosa; corremos el peligro de cometer errores o, peor aún, de abandonarla. El remedio es buscar un equilibrio entre la extensión de la documentación obtenida y el trabajo que estamos dispuestos a dedicarle.
Probablemente la mayor dificultad que he encontrado asignando palabras clave es la consistencia en el criterio de asignación a lo largo del tiempo, especialmente con aquellas palabras clave que sustancian un concepto o un elemento de la fotografía. Por ejemplo, supongamos un criterio denominado Elemento, que recoge ciertos objetos que deseo identificar en cada una de las fotos. Uno de ellos es Cielo. ¿Qué porcentaje de cielo debe aparecer en una foto para que le asigne esta palabra clave? Y lo más difícil: una vez definido, se debe aplicar sin variarlo demasiado año tras año si no queremos degradar la calidad de la documentación.
A pesar de sus evidentes dificultades, la documentación fotográfica mediante palabras clave es un recurso poderoso que nos facilitará a futuro la explotación de nuestro AF.


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