Puntos clave en la gestión de la estructura del AFD.
Mi experiencia como fotógrafo aficionado y, ocasionalmente, como formador en fotografía me ha permitido conocer, de primera mano y por otros fotógrafos, las peculiaridades del manejo de grandes archivos de fotografía. Una y otra vez me he encontrado con los mismos problemas, que pueden combatirse con el conocimiento de los puntos clave que trato a continuación. Si estás acumulando fotografías y te planteas mejorar tu archivo fotográfico, este contenido te podrá ayudar.
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| ¡Huye de estructuras demasiado complejas! |
Cualquier estructura es mejor que ninguna.
Aunque la estructura del archivo fotográfico digital (AFD) parece algo secundario cuando tenemos en las manos el resultado de una excelente sesión con cientos o miles de fotos y nos dejamos llevar por la urgencia de descargarlas y procesarlas, la realidad es que el desorden se extiende con rapidez y lo que parece más o menos ordenado en el momento, meses o años después, tras la acumulación de más y más material, se convierte en un desastre al que cada vez apetece menos poner orden. ¡No caigas en esta trampa! Cuanto antes tengas claro la estructura adecuada y la implementes, menos te costará y antes disfrutarás por completo de tus fotografías.
Documenta por escrito la estructura y las excepciones.
Cualquier decisión que se tome sobre la organización de información sólo tiene sentido si se aplica sistemáticamente, ahora o dentro de diez años. No confíes en la memoria: ¡escríbelo en un documento, y mantenlo actualizado!
Teniendo en cuenta las limitaciones de los sistemas de archivos, habrá algunos contenidos que deben ser tratados como excepciones. En la medida de lo posible, documenta también cómo quieres que se traten éstas; en la entrega anterior expliqué cómo las fotos hechas con el teléfono móvil de mi AFD tenían una estructura diferente. ¡También debe ser documentada!
Elige un criterio principal lo más objetivo posible.
El criterio principal condiciona y da forma tanto a los directorios intermedios, que expresan la clasificación, como a los directorios terminales, que contienen las sesiones fotográficas.
No tiene mucho sentido un desequilibrio importante entre directorios intermedios, algunos con muy poco desarrollo y otras con muchos niveles de profundidad. De hecho, más de tres o cuatro niveles hace que su consulta se vuelva difícil y facilita que nos perdamos en una exploración visual; la objetividad del criterio principal es la mejor cura. Por ejemplo, el criterio temporal, establecido en años y meses o en años y trimestres, garantiza que siempre habrá dos niveles hasta llegar al nivel de sesión, en todos los casos. Otros criterios basados en la actividad en curso (viajes, amigos, familiares, fiestas populares, etc.) suelen crear estructuras de directorios cuyo crecimiento es irregular y cambiante con el tiempo, a medida que los intereses fotográficos y las condiciones personales cambian. Cuanto más irregular sea el árbol de directorios, peor.
La estructura es tanto más efectiva cuanto más rigurosamente se aplica; ¡huye de las excepciones!
El mejor antídoto contra el desorden es la estandarización. Aunque a veces tengas que forzar algo la inclusión de una o varias sesiones en la estructura de tu archivo fotográfico, no cedas a la tentación de lo fácil y piensa cómo encajarlas con el resto. Aprovecha otras herramientas de catalogación para conseguirlo. Por ejemplo, cuando quiero llevar a cabo un proyecto fotográfico que se va a alargar en el tiempo y consta de fotografías dispersas en varias sesiones (por ejemplo, Amaneceres, Sombras y luces, etc.), no creo una excepción en la estructura del AFD; sus fotos siguen en sesiones limitadas por el lugar y el momento. Para llevar cuenta de las que pertenecen a un proyecto dado, utilizo la herramienta de palabras clave disponible en Lightroom Classic (LrC). Es una solución menos general, ya que está atada al uso de una aplicación determinada, pero no distorsiona la estructura básica de mi AFD.
Las excepciones son el último recurso porque abren la puerta al descontrol. ¡Intenta evitarlas!
Nunca mezcles directorios con ficheros.
Es una regla de oro; no la rompas nunca. Las fotografías, contenidas en ficheros, constituyen el elemento fundamental del AFD, y como tal deben estar situadas en el mismo lugar de la estructura para que sea sencillo localizarlos: en directorios terminales del árbol y que sólo contienen ficheros. no subdivisiones (directorios intermedios) de la estructura. Las fotografías situadas en las ramas intermedias del árbol de directorios son firmes candidatas a fotografías perdidas.
La estandarización de los nombres de directorio es importante.
Vimos en la entrega anterior que es conveniente utilizar los nombres de directorio de sesión para incluir elementos de información estructurada (por ejemplo, fecha, localización y tema de la sesión). Tampoco se puede abusar, porque los nombres largos de directorio resultan inconvenientes en las interfases de usuario disponibles en los sistemas operativos actuales. Está claro que si queremos añadir más información sobre la sesión, o sobre las fotografías que la forman, hay que utilizar herramientas de catalogación disponibles en aplicaciones fotográficas. Entonces, ¿para qué molestarse?
Pues por disponer de una línea básica de defensa, un último recurso ante escenarios adversos. Por ejemplo, ¿qué ocurre si la aplicación con la que hemos documentado (catalogado) durante cientos o miles de horas nuestras sesiones y fotos desaparece, o dejamos de utilizarla por cualquier razón? Nada hay más persistente en el mundo digital que el conjunto de ficheros y directorios que sustancia el AFD. Es el nivel más bajo de información, pero también el más resistente; incluso si cambiamos de sistema operativo, permanecerá inalterable. Y organizarlo bien requiere de muy poco esfuerzo, así que merece la pena hacerlo.
Define un directorio único que contenga todo el AFD.
Hazlo siempre que sea posible; es decir, siempre que el AFD quema en una unidad de disco física. El directorio único tiene varias ventajas. Primero, facilita conocer su tamaño, tanto en espacio ocupado como en número de elementos que lo forman. Segundo, simplifica la ejecución de las tareas de respaldo y conservación a largo plazo del AFD. Tercero, facilita su traslado entre sistemas de nube, equipos informáticos y unidades de disco. Y cuarto, establece una frontera nítida con el resto de contenidos digitales.
Como se puede apreciar, sus ventajas son evidentes. Sólo veo una razón para no hacerlo: que el AFD sea tan grande que no quema en una unidad física de disco. Si así ocurriera, al menos que exista un sólo directorio raíz del AFD en cada disco que se necesite para contenerlo.
No merece la pena cambiar los nombres de fichero que contienen las fotografías.
Parece una contradicción, después de aconsejar que se codifique sistemáticamente el nombre de los directorios de sesión, pero no lo es si tenemos en cuenta el coste. El número de sesiones es relativamente bajo comparado con el número de fotografías (entre uno y dos órdenes de magnitud menos), por lo que el tiempo invertido en codificarlo es asumible, mientras que personalizar el nombre de cada fotografía con elementos descriptivos supone un trabajo mucho mayor. Además, las herramientas de catalogación son mucho más eficientes a la hora de incorporar información específica del contenido de las imágenes.
Mantén juntas las fotografías originales y las finalizadas, pero no en el mismo directorio
Ya he comentado que, en mi opinión, la mejor opción es crear dos directorios dentro del directorio de sesión, uno para las fotos originales y otro para las procesadas. De esta manera, si buscamos una foto y conocemos su sesión, no tendremos dudas sobre dónde está tanto la versión original como la finalizada (procesada), y si el directorio de fotos procesadas está vacío, sabremos que las fotos originales no han sido procesadas (y viceversa). También permite mantener el mismo nombre para los ficheros de la foto original y de la procesada, incluso cuando su formato, y por tanto la extensión del fichero, coincidan, ya que están en directorios diferentes. Es cierto que, si disparamos en RAW, la versión procesada tendrá una extensión distinta, pero hay mucha foto original disparada en JPEG, especialmente si se hicieron a principios de siglo, cuando el RAW apenas se conocía y muchas cámaras digitales no disponían de este formato.
¿Por qué no mezclarlas en el mismo directorio? Porque se estorban. No se puede hacer si se mantiene el nombre y el original se disparó en JPEG, impide saber cuántas fotos tiene una sesión cuando se visualiza el directorio de sesión en el explorador de archivos, dificulta el proceso de borrado de fotos que ya han sido procesadas y facilita el error de confundir una foto procesada con una original.
La estructura es el nivel básico de documentación del AFD cuando todo lo demás desaparece.
¿Por qué contemplar un escenario tan pesimista? Dicen que el tiempo es relativo, que un astronauta viajando por el espacio experimenta el paso del tiempo más despacio que los que nos quedamos por aquí, aunque sea en cantidades minúsculas. Este principio de relatividad existe en el mundo digital, solo que mucho más acusado.
Las empresas de software tienen ciclos de vida mucho más acelerados que el resto de sectores industriales, y eso se refleja en la duración y la evolución de sus productos. Una aplicación puede desaparecer o migrar a otra en cuestión de pocos años, dejando cadáveres digitales y usuarios abandonados por el camino; la rentabilidad manda. O, sin ser tan drásticos, el modelo de ingresos cambia sin previo aviso, como ha ocurrido en los últimos años, en los que la compra ha sido sustituida por el alquiler.
Ahora mismo la irrupción de la inteligencia artificial cuestiona el mismo concepto de aplicación, con su interfaz de usuario, sus requisitos de hardware y sus funciones claramente establecidas, siendo sustituida por una interfaz genérica, basada en el lenguaje natural, y un motor de procesado situado en algún lugar de la etérea nube.
Todos estos cambios atentan contra la estabilidad del AFD, cuya duración puede abarcar fácilmente varias décadas. Lo que hoy parece el entorno óptimo para crearlo y explotarlo, en diez años tenemos que abandonarlo porque no podemos pagarlo, o simplemente dejó de existir. Y entonces, ¿qué nos queda?
En efecto, el esqueleto del AFD: sus ficheros y directorios. Cuanto mejor sea su estructura, más útil será.
¿Y los metadatos? ¿Qué pasa con los metadatos?
¡Vaya palabro! Bueno, es más sencillo de lo que parece: se trata de información añadida a un fichero que, en vez de formar parte del contenido "natural" del mismo, aporta información sobre dicho contenido. Veamos cómo se plasma en el caso de las fotos digitales.
Contenido: la representación digital de una imagen está formada por píxeles, que son cuadrados minúsculos que, a modo de mosaico, forman la imagen. Cada píxel contiene los valores de los tres elementos cromáticos, rojo, verde y azul. si se trata de una imagen acabada (lista para ser visualizada) o, en el caso de un formato RAW, un valor de luminosidad correspondiente al elemento fotosensible del sensor de imagen que luego se convertirá en un píxel.
Metadatos: las cámaras digitales escriben muchos datos sobre la foto: fecha, hora, propietario de los derechos, parámetros de exposición (abertura, tiempo de exposición, sensibilidad), objetivo utilizado, distancia focal, uso del flash, geolocalización, etc. Estos parámetros son más o menos familiares para los fotógrafos, pero no es tan conocido que se pueden añadir metadatos a las fotos finalizadas, como es el caso de las Palabras Clave de LrC. Al incluirse en las fotos procesadas pasan a formar parte del AF, independientemente de que sigamos utilizando LrC en el futuro. En el ejemplo siguiente se puede ver cómo recuperar fotos a partir de palabras clave mediante el explorador de archivos de Windows:
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| Búsqueda de fotos de pruebas automovilísticas en el circuito Ricardo Tormo de Cheste |
Para catalogar mis fotos utilizo, sobre todo, la herramienta de palabras clave de LrC. Entre otros conceptos incluyo el tipo de fotografía y la localización. Gracias a que LrC escribe como metadatos todas las palabras clave asignadas a una fotografía procesada, es posible utilizarlas en búsquedas con otras aplicaciones y, en especial, con el explorador de archivos.
He ido en varias ocasiones al circuito Ricardo Tormo, de Cheste. A veces a ver competiciones, y otras veces eventos relacionados con el automovilismo, pero siempre con la cámara en la mano. Por tanto, las fotos están distribuidas en varias carpetas de sesión de mi AF. Para ver juntas todas las fotos de competiciones basta con la facilidad de búsqueda del explorador de archivos de Windows. En la casilla de búsqueda (parte superior derecha), he introducido:
Circuito Ricardo Tormo tipo:imagen Deportiva
"Circuito Ricardo Tormo" es la palabra clave asociada a la localización, "Deportiva" es el tipo de fotografía, y tipo:imagen es un mandato de búsqueda que filtra por el tipo de archivo. El resultado es 594 fotografías de un total de los 66.000 ficheros de mi AF. Y lo más importante, la búsqueda ha sido posible sólo con el AFD y una herramienta básica del sistema operativo.
Ya hablaré más adelante sobre la catalogación del AFD.
La utilidad de la estructura se manifiesta en la búsqueda.
¿No será que todo este esfuerzo es inútil y sólo sirve para satisfacer un gusto fútil —o enfermizo— por el orden? La experiencia con mi AFD, de tamaño grande y con 26 años de existencia, me dice que no. Nunca he perdido una foto en el sentido de no haber podido encontrarla; y eso que olvidar se me da muy bien. ¿No te ha pasado que buscabas una foto que sabías que la tenías, pero no recordabas dónde estaba almacenada, o lo que es peor, creías que estaba en un sitio equivocado? Pues la estructura y los metadatos del AF son el antídoto perfecto, incluso cuando todo lo demás falla.


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