13/03/2026

El archivo fotográfico digital (III). La estructura (I).

Sin cimientos y estructura no hay edificio. Lo mismo pasa en el mundo digital: si los cimientos son el hardware, la estructura es el sistema de ficheros. Y de eso hablaré en esta entrega.

Sin estructura no hay edificio. Ciudad de las Ciencias, Valencia

La organización del sistema de ficheros

Los sistemas de ficheros actuales de casi todos los sistemas operativos tienen la misma organización lógica, establecida hace más de 60 años: el árbol invertido. Consta de dos tipos de elementos: ficheros (archivos) para contener la información y directorios (carpetas) para establecer la jerarquía. Un directorio se almacena en un directorio superior o es la raíz del sistema de ficheros, y puede contener tantos elementos (directorios y ficheros) como se quiera. Un fichero sólo puede almacenarse en un directorio y no contiene ningún elemento. La similitud con un árbol invertido es evidente, siendo las ramas, directorios y las hojas, ficheros.

En el caso del NTFS de Windows existe un directorio raíz por cada unidad física o lógica de disco, denominado por una letra mayúscula y el símbolo ":". ¿Quién no conoce el famoso disco C:, tan antiguo como el MS-DOS?

Este paradigma se mantiene por su sencillez y su versatilidad. Se adapta bien a muchos escenarios de datos, siempre que la característica 1 > N (un elemento superior, varios elementos inferiores) no suponga un impedimento insalvable para la gestión de los datos que contiene. Cuando esto ocurre se utilizan bases de datos, herramientas capaces de establecer cualquier tipo de correspondencia entre datos.

La necesidad de una estructura lógica.

A la hora de gestionar cualquier colección de datos es necesario que se establezca un esquema organizativo con reglas claras, tanto para la denominación como para la estructura de directorios, a fin de facilitare su gestión. La enorme flexibilidad del sistema de ficheros puede ser una arma de doble filo si no se sigue esquema alguno, o éste se va modificando continuamente haciendo que convivan varios criterios organizativos. Por ejemplo, nada impide que todas las fotografías del AFD se almacenen en un directorio. Lo que puede tener sentido para 100 fotos, ¿lo tiene para mil, diez mil o un millón? La respuesta es evidente.

Los criterios.

La relación 1 > N del sistema de ficheros exige que, sean cuales sean los criterios de clasificación que se establezcan para una colección de datos, uno de ellos sea el principal y no se cambie nunca; el resto estará formado por criterios secundarios que se subordinan a aquel. Lo mejor es ilustrarlo con ejemplos.

Mi elección.

Empezaré por mi AFD:

  • El criterio principal es el tiempo. La estructura de directorios es una línea temporal, estructurada en dos niveles: año y trimestre.
  • El primer criterio secundario es la sesión. Describe un conjunto de fotografías coherente en el espacio y en el tiempo.
  • El segundo criterio secundario es el procesado de las fotografías, que se plasma en dos categorías: originales y finalizadas.

Todo el AFD está contenido en un directorio principal (Fotos digitales). Es una práctica muy útil que facilita tanto su localización dentro del sistema de ficheros del ordenador como la realización de las copias de respaldo, necesarias para preservar su contenido ante cualquier incidencia que lo destruya, parcial o completamente.

El primer nivel de directorios es el anual, seguido por el nivel trimestral (T1, T2...). Juntos soportan el criterio principal temporal.

El tercer nivel de directorios soporta el criterio secundario de sesión. Una sesión, en mi caso, es un conjunto de fotografías relacionadas por su proximidad temporal y –aunque no siempre– espacial. La duración no suele exceder de un día con excepciones de varios días, como en el caso de los viajes o de eventos de mayor duración a la diaria, como fiestas populares o actividades deportivas.

El nombre de sesión está estandarizado en tres partes: la fecha de comienzo (y la de fin, cuando abarca más de un día), la ubicación principal y una pequeña descripción. No conviene abusar, ya que los nombres largos de directorios y ficheros son poco prácticos por la forma en que se presentan en el sistema operativo y en las aplicaciones.

El segundo criterio secundario clasifica las fotografías por su estado de proceso. Cuando las cámaras utilizaban formatos de ficheros editables (como el JPEG), ya se recomendaba mantener una copia de cada fotografía sin alterar (original), y crear una copia con el resultado de la edición (procesada). A costa de duplicar el número de archivos del AFD, se obtienen las siguientes ventajas:
  • Se puede reprocesar el original de nuevo para cambiar el resultado o para tener varios procesados alternativos (por ejemplo, uno en color y otro en blanco y negro), manteniendo la misma calidad final.
  • Las mejoras futuras en las aplicaciones de retoque fotográfico se podrán aplicar, en su momento, sobre la imagen original inalterada, obteniendo fotografías de más calidad a partir del mismo origen.
Este modelo de fichero doble (dos ficheros por fotografía, uno original tal cual sale de la cámara y uno procesado, editado o retocado, que es el resultado final del laboratorio digital), se volvió obligatorio con la aparición del formato RAW (negativo digital), impulsado por los fabricantes de las cámaras. Aunque hay muchos formatos RAW, incluso varios por fabricante, todos comparten la misma propiedad: no se pueden alterar. Por tanto, su uso obliga a adaptar el modelo de fichero doble. Conclusión: siempre se debe mantener una copia inalterada de cada fotografía, independientemente de que se pueda modificar porque el formato de fichero que la contiene lo permita.

Cada directorio de sesión contiene exclusivamente dos directorios, denominados Originales y Retocados. Estos son los únicos directorios que contienen los ficheros correspondientes a las fotografías, siguiendo el modelo de fichero doble. Como consecuencia de esta estructura cada uno de los directorios contiene directorios o ficheros, pero nunca una mezcla de ambos.

Otros ejemplos de estructuras.


¿Qué criterio principal adoptaría un fotógrafo profesional que se dedique, por ejemplo, a la fotografía social? Este sector, centrado en el reportaje de actos sociales relevantes y en fotografía de estudio, se caracteriza por el gran número de clientes. Establecer el cliente como criterio principal permite un acceso rápido al trabajo hecho para cada uno de ellos. Se puede complementar con un nivel secundario de sesión que incluya en su denominación el tipo de evento cubierto, la fecha y el lugar.

Si el tema fundamental del AFD es la fotografía de viaje, el criterio principal más conveniente puede ser la localización geográfica (país, ciudad, etc.), con tantos niveles de directorios como se necesite, dependiendo del número de viajes y de las zonas geográficas visitadas. Como segundo criterio, la dimensión temporal permite clasificar eficientemente varias visitas a la misma localización. Si el número de fotos por viaje es muy elevado, es conveniente añadir un criterio de sesión donde se puede precisar más la localización, como se ve en este ejemplo.

Es recomendable que el último criterio sea siempre el procesado; la ventaja de mantener lo más juntas posibles las dos versiones de la fotografía (original y finalizada) sin que compartan el mismo directorio es una ventaja que supera, con mucho, cualquier inconveniente que provoque.

La elección de los criterios y su jerarquía es un asunto personal; los seres humanos somos diferentes y nos organizamos la vida de muchas formas. No hay verdades absolutas en este tema; cada fotógrafo debe sentirse cómodo con la forma en que organiza su AFD.

La estabilidad y la evolución de la estructura.

Los AFD crecen a lo largo de años y décadas; es lo normal, al menos mientras los fotógrafos que los crearon sigan con su afición o su profesión. Dada la naturaleza del mundo digital que los soporta, los cambios a los que se ve sometido el AFD son (y serán) continuos. Cambian las cámaras fotográficas, los ordenadores, los dispositivos de almacenamiento, los sistemas operativos, las aplicaciones fotográficas... Pero también cambia la temática y el tipo de fotografía que se practica. Como consecuencia, la estructura adoptada en un principio se va alejando de la óptima, o lo que es lo mismo, se hubiese adoptado otra si se empezase de nuevo el AFD.

Para lidiar con esta situación hay varias estrategias posibles; cuál elegir depende de la situación concreta y no puede establecerse a priori:
  • Mantener la estructura original a costa de forzarla con el nuevo contenido, que queda "encajado" de mala manera. Es la menos recomendable.
  • Adoptar una nueva estructura que sea óptima para el contenido antiguo y nuevo del AFD, y migrar todo el AFD a la nueva estructura. Aunque de entrada puede parecer mucha faena para casi nada, hay veces en que tiene sentido si se debe trabajar con la mayor parte del AFD por otros motivos, como cuando hay una gran parte pendiente de procesar. Total, si hay que visitar la mayor parte de los directorios del AFD, por un poco más de esfuerzo se aplican los cambios que dan lugar a la nueva estructura.
  • Mantener la estructura existente y yuxtaponer la nueva estructura, Así se minimiza el trabajo, si se compara con el caso anterior. El coste es una pérdida de estandarización al hacer convivir dos estructuras diferentes en el mismo AFD.
La representación geográfica de las fotografías en el módulo Mapa de Lightroom Classic

Lo ilustraré con un ejemplo. Mi AFD está compuesto por 25.400 fotografías finalizadas, contiene 3.800 directorios y 66.000 ficheros que ocupan 568 GB. Lo comencé en 1.999, ¡en el siglo pasado! Lógicamente su estructura, expuesta anteriormente, ha sufrido la presión del tiempo y de los inevitables cambios. Hay uno en particular que me obligó a modificarla: la irrupción de la fotografía hecha con teléfonos móviles. Por el tipo de fotografía que hago con estos dispositivos, me quedó claro que el criterio principal más adecuado era el geográfico y no el temporal. Además, tampoco me valía el criterio de doble fichero porque son fotos secundarias de tipo documental que no me merece la pena procesar; me vale con el original o con el resultado de un pequeño retoque hecho en el teléfono móvil. Por otro lado, quería evitar el coste de crear y mantener manualmente el conjunto de directorios necesarios para soportar la nueva estructura.

Afortunadamente, una serie de coincidencias me dio la solución: la geolocalización por GPS de cada foto, estándar en los teléfonos móviles, y la creación automática de directorios junto con la reprsentación geográfica de las fotos de la aplicación Lightroom Classic de Adobe (LrC). Como se ve en la imagen anterior, LrC ubica las fotos geolocalizadas en un mapa que se puede ajustar al nivel de ampliación que se desee; no hay forma mejor de implementar el criterio geográfico de clasificación. Como se ve en la imagen lateral, utilicé una función de LrC para crear la jerarquía de directorios, aunque sólo aplica el criterio temporal por años y meses. Una pena que no haga lo mismo para la localización, pero es más que suficiente para la importancia que estas fotos tienen en mi AFD.

Estas y otras fotografías que no encajan en la estructura original se agrupan en un directorio genérico, denominado "Material diverso", para separarlas del contenido principal.

Los vídeos a cámara rápida a partir de fotografías (time lapse, en inglés) es otro ejemplo de contenido que no encaja en la estructura principal. En mi caso tengo tres vídeos pendientes, con un total de 1.000 fotografías, a la espera de que elija una aplicación para procesar este tipo de material.

En resumen, es bueno tener excepciones controladas a la estructura principal del AFD para acomodar las fotografías que no encajen en ella, pero sin perder de vista que se trata de casos poco deseables; es decir, se adoptan porque no hay más remedio, porque cualquier otra opción da un resultado peor.

16/02/2026

El archivo fotográfico digital (2). El tamaño

En la entrada anterior sobre el AFD indiqué varias métricas para definir su tamaño: el espacio, el número de archivos y el número de fotografías. Las dos primeras son triviales y sencillas de obtener; basta con el administrador de archivos del sistema operativo. En mi caso el resultado para las dos primeras es este:

Gracias a que tengo todo mi AF colgando de una sola carpeta dedicada en exclusiva a contenerlo, basta con consultar sus propiedades para saber qué espacio ocupa y cuántos archivos tiene (567 GB y 66.000 archivos, respectivamente). Lo que no está nada claro es cómo obtener el número de fotografías; veamos el porqué.

De los ficheros a las fotografías.

Desde la llegada del formato RAW, que por definición no se puede modificar, las fotos se desdoblaron en, al menos, dos ficheros: el original y el procesado. Pero hay más archivos involucrados en la obtención de la foto final; veamos algunas causas.

En primer lugar, los datos aportados durante el procesado y la clasificación tienen que almacenarse en alguna parte ya que, por definición, los ficheros originales en formato RAW no pueden modificarse. La estrategia más extendida entre las aplicaciones fotográficas es almacenarlos en uno o varios ficheros, con el mismo nombre que la foto original y con extensiones diferentes. Un ejemplo bastante extendido es el archivo .XMP, en el que el módulo ACR del Photoshop de Adobe almacena los parámetros de procesado de cada fichero RAW "revelado". Si además se aplican máscaras de edición, se crea un archivo adicional con extensión .ACR. Lightroom Classic (LrC), también de Adobe, utiliza una estrategia diferente: establece una base de datos, denominada "Catálogo", que reside en un directorio determinado de uno de los discos del ordenador, y en ella almacena todos los ajustes de procesado y los datos de clasificación de todas las fotos que gestiona, mediante una estructura compleja compuesta por un gran número de ficheros que sólo la aplicación entiende. Obviamente, para un AFD gestionado con LrC, el catálogo debe considerarse parte de aquel.

En segundo lugar, hay ciertos tipos de fotografía que sólo se materializan como composición de varias fotografías originales. Panorámicas, alto rango dinámico y combinación de foco son algunos ejemplos. Veámoslos en detalle

Panorámica.

Es el resultado de la composición bidimensional de varias fotografías para captar un campo visual u obtener una resolución imposibles de realizar con una sola toma. Según la orientación pueden ser horizontales o verticales. Veamos un ejemplo de panorámica horizontal:

Campos de arroz de la Albufera (10 fotos,  resolución original 15.019 x 4.329 píxeles)

Realicé las 10 fotografías que la forman en formato vertical, con la cámara montada en un trípode. Fijé tanto la exposición como la distancia de enfoque y giré horizontalmente la cámara de tal forma que hubiese algo de superposición entre fotos contiguas para que la composición tuviese continuidad cuando se generase la imagen compuesta.

No lo he dicho antes, pero me imagino que se desprende de lo leído: desde hace bastantes años proceso mis fotos con aplicaciones de Adobe, fundamentalmente con Lightroom Classic (LrC) y esporádicamente con Photoshop (Ps), así que, sin pretender que estos artículos sean tutoriales de estos productos, me apoyaré en ellos para ilustrar los conceptos que trate. Aquí se puede ver la fotografía final y sus diez componentes tal como las "ve" LrC:


Alto rango dinámico.

Es una composición de fotografías de la misma escena, capturada con exposiciones diferentes, lo que permite extender el rengo dinámico del sensor de la cámara evitando tanto las zonas quemadas como las muy oscuras sin detalle, mediante un criterio de combinación basado en la luminosidad de cada parte de la escena. Se denomina habitualmente por su acrónimo inglés (HDR). Las fotografías que la componen se suelen tomar con la función de horquillado de la cámara, definiendo el número de tomas y el incremento de la exposición entre dos tomas consecutivas. Sólo se pueden realizar cuando la escena es estática, y es conveniente situar la cámara en un trípode. Vemos un ejemplo:

HDR compuesta por tres tomas (corrección de la exposición: -2,67 -0,67 +1,33 EV)

El incremento de la exposición entre tomas es de 2 EV, lo que extiende el rango dinámico a un máximo de 4 EV. Se ha aplicado una corrección genérica de -0,67 EV a las tres fotos para reproducir la luz del atardecer. Nuevamente, varias archivos forman una única foto, como se ve en su representación de LrC:


Combinación de foco.

Al igual que el HDR, la escena es la misma pero lo que varía es la zona enfocada. Permite extender la profundidad de campo por encima de la teóricamente posible para una fotografía hecha con una combinación dada del tamaño del sensor, la distancia focal y la zona enfocada. Se utiliza mucho en foto de macro y producto. Lógicamente, el uso del trípode es esencial.



Esta foto está compuesta por ocho tomas en las que se ha variado ligeramente la distancia del plano de enfoque para conseguir que haya zonas suficientemente enfocadas que se solapen.


Fotografías procesadas.

Estos ejemplos dejan claro que no se puede asociar el número de ficheros del AFD al número de fotografías. Además, la duplicidad formada por la foto original y la foto procesada tampoco se mantiene, ya que hay casos en que se genera más de una foto procesada a partir del original (o conjunto de originales, como ya hemos visto).

Lo normal es que, al menos, haya una foto procesada (llamémosla "maestra") con todos los ajustes y datos de clasificación aplicados, a la misma resolución que la original y en un formato universal (como el formato jpg) con la mínima tasa de compresión posible. Pero una foto tiene muchos usos y a veces la foto procesada maestra no sirve, así que hay que generar copias procesadas adaptadas a usos diferentes, que también forman parte del AFD. Veamos algunos casos:
  • Envío por correo o publicación en Internet. Hace falta que la fotos sean menos "pesadas" (ocupen menos espacio en disco) o tengan una resolución menor que la original.
  • Impresión. Las empresas que producen copias en papel de alta calidad necesitan las fotos a una resolución y con un espacio de color determinados, que no coinciden con los de la foto procesada maestra.
  • Privacidad. Al generar la copia maestra se incluyen todos los datos de clasificación. Por criterios de privacidad algunos deben eliminarse cuando compartimos la foto con otras personas o con el público en general, como la localización por GPS o el nombre de las personas que aparecen en ella, lo que obliga a generar una copia adicional sin esta información.
  • Procesado diferente. A partir del mismo original, se pueden realizar tantos procesados como se quiera. Por citar el caso más frecuente: dos procesados, uno en color y el otro en blanco y negro. En este caso es debatible si se trata de una fotografía o de dos.

Conclusión.

Si el concepto de fotografía puede incluir varias capturas de cámara, varias copias procesados y la información de procesado y clasificación, no es nada sencillo saber cuántas fotos tiene un AFD.

No se trata de un problema irresoluble, pero si se quiere resolver es necesario que la estructura de archivos y directorios del AFD se planifique de antemano para obtener este dato. Huelga decir que la estructura del AFD responde a otros muchos criterios y condiciona su manejo y su evolución, por lo que merece que le dediquemos el siguiente artículo de esta serie.









09/02/2026

El archivo fotográfico digital. Introducción

Empiezo una serie de artículos sobre un aspecto de la fotografía que no recibe, en mi opinión, la suficiente atención en la era de la fotografía digital. Porque si algo cambió radicalmente con el nacimiento y la popularización del soporte digital en fotografía fue el archivo fotográfico (AF en adelante). Aunque hay otras formas de soporte, me ceñiré a su versión puramente digital (AFD). A partir de ahora, cuando indique AF, me estaré refiriendo al AFD.

Estos artículos están confeccionados desde mi punto de vista como fotógrafo aficionado con 25 años de fotografía 100% digital (incluyendo la captura con cámaras digitales) y con un AF que contiene más de 25.000 fotografías finalizadas. Espero que esta serie de artículos sea útil para otros fotógrafos que no han resuelto satisfactoriamente o tienen pendiente, en todo o en parte, la gestión de su AF.

Definición

Primero hay que definirlo: el AF es el conjunto formado por las imágenes originales captadas por la cámara fotográfica, las imágenes intermedias y finales, su procesado y su clasificación, sustanciado en una colección de archivos digitales. A lo largo del siglo XXI, de la mano de la expansión de la fografía digital, el soporte del AF ha migrado desde la película y el soporte papel a la expresión digital en forma de datos contenidos en ficheros, al igual que el sonido, el vídeo, etc. Como se verá, con profundas implicaciones, siendo la más importante de todas el tamaño; el número de fotografías de los AF ha aumentado en varios órdenes de magnitud. Gestionarlo correctamente se ha convertido en una necesidad imperiosa para todo fotógrafo que aprecie en algo su trabajo o su afición.

Parte de un AF

La cadena de producción y gestión del AF en la fotografía digital está formada por:

  • Fotografías originales: Directamente desde una cámara digital (sea ésta un dispositivo dedicado o un componente en otro dispositivo digital, como un teléfono o una tableta). Se sustancia en un conjunto de ficheros almacenado en una o varias ubicaciones (copias de respaldo) y accesible por uno o varios ordenadores.
  • Conservación de los datos: común a cualquier tipo de contenido digital, incluye la replicación del contenido mediante la realización de copias de respaldo para protegerlo de pérdida o deterioro por fallos del hardware o del software, y la migración forzada por el cambio de los dispositivos de almacenamiento y la obsolescencia de los formatos de archivo.
  • Entorno de procesado: es el equivalente al laboratorio químico, y está compuesto por las aplicaciones que generan las imágenes finales a partir de las originales, generando dos tipos de productos intermedios: los ajustes que definen las transformaciones que se aplican a las imágenes originales y las imágenes intermedias, necesarias en transformaciones complejas o cuando se necesitan varias aplicaciones para el procesado.
  • Entorno de clasificación: aprovechando las ventajas del soporte digital, supone la adición de información (también llamada metadatos) que permite buscar, ordenar y clasificar el AF. Incluye los metadatos y las aplicaciones para visualizarlos y modificarlos.
  • Imágenes finales: compuesto por la fotografías que, en un instante dado, se consideran completamente procesadas y clasificadas. De cada fotografía del AF debe existir, al menos, una copia finalizada, disponible para visualizar y compartir. Pero no es infrecuente que existan varias versiones finales de una fotografía, dependiendo del uso que se le vaya a dar.

El tamaño del AF

Dado que en su forma digital no es más que un conjunto de ficheros, se puede definir por su número o por el espacio que ocupa. Sin embargo, el dato más interesante para el fotógrafo es el número de fotografías que lo componen, pero este dato no es inmediato ni fácil de obtener, como se verá más adelante.

En función del número de fotografías, el AF se puede clasificar en:

  • Pequeño (hasta 1.000 fotografías). Lo habitual en la época de las fotografía química, cuando bastaban unos cuantos álbumes o un par de cajas para almacenar el AF familiar. Muy poco frecuente en fotografía digital.
  • Mediano (de 1.000 a 10.000 fotografías). Es el tamaño más frecuente para la mayoría de la población que, sin considerarse aficionada a la fotografía, ha reemplazado la fotografía química por la digital para registrar las imágenes de sus seres queridos, recuerdos, viajes, etc.
  • Grande (de 10.000 a 100.000 fotografías). Lo habitual entre fotógrafos aficionados y profesionales a pequeña escala. Se dedica un presupuesto elevado al equipo fotográfico y se utilizan aplicaciones específicas para el procesado, aunque se le presta menos atención a la clasificación.
  • Muy grande (de 100.000 a 1.000.000 de fotografías). Territorio de algunos fotógrafos aficionados y de profesionales con mucha producción, estudios fotográficos, etc. Requiere mucha inversión en equipamiento informático para almacenamiento de datos, potencia de proceso, periféricos (como el monitor) y aplicaciones fotográficas. También hay casos entre fotógrafos aficionados que priman la obtención de imágenes en detrimento del procesado y la clasificación, e incluso de la tarea crítica de la conservación.
  • Inmenso: (más de 1.000.000 de fotografías). Grandes empresas del sector de la imagen, publicaciones, archivos públicos y privados, etc. Realizan una gestión profesional del AF con presupuestos elevados y expertos profesionales en este campo, aunque hay excepciones que incluyen fotógrafos autónomos con una gran producción y poco tiempo dedicado a la gestión de su AF.

Visto lo visto, la primera pregunta que hay que realizarse cuando se aborda la gestión del AF es: ¿qué tamaño tiene? Lo veremos en el siguiente artículo.















28/04/2022

Calibrar y perfilar el monitor con SpiderX Pro (4ª parte)

El calibrador DisplayX Pro de Datacolor


Ahora que ya he expuesto los conceptos básicos necesarios para entender cómo se ajusta un monitor utilizando un sistema de medición fiable y preciso, comentaré lo que pienso de este producto.

En primer lugar, los fotógrafos (especialmente los aficionados) tenemos un serio problema con el ajuste de nuestros monitores, porque la industria de la gestión del color se centra fundamentalmente en satisfacer las necesidades de los profesionales. Sólo dos empresas ofrecen calibradores para monitores a un precio razonable (entre 100 y 200 €), Datacolor y Xrite/Calibrete, y esperemos que sigan mucho tiempo.

Antes de mostrar el proceso de ajuste con el DisplayX Pro, quiero destacar el principal problema de este producto. El calibrador se vende en dos versiones, la Pro y la Élite, a unos 130€ la primera y 230€ la segunda (precios aproximados en abril de 2022). Las dos comparten el mismo dispositivo físico, por lo que las diferencias en funcionalidad se deben exclusivamente a la aplicación que lo controla. Aquí surgen varias preguntas: ¿qué se ha recortado en la versión Pro? ¿Son suficientes sus prestaciones para su uso en fotografía? ¿Hay alguna forma de sacarle más partido al calibrador en su versión Pro?

12/04/2022

Calibrar y perfilar el monitor con SpiderX Pro (3ª parte)

Perfiles de color ICC

En el mundo de la gestión del color, un perfil de color ICC es un conjunto de datos que caracteriza a un dispositivo de entrada, a un dispositivo de salida o a un espacio de color, según los dictados del Instituto Internacional del Color (ICC son sus siglas en inglés, como siempre). El concepto es confuso, ya que el mismo nombre sirve para funciones distintas.

En nuestro caso, nos interesa el perfil de color ICC para caracterizar -o sea, describir el comportamiento-  de un dispositivo de salida: nuestro monitor. Toma la forma de un fichero con extensión .icc o .icm, ¿Qué datos se incluyen en el perfil? Eizo, fabricante de monitores para el mercado profesional, lo describe así: "Un perfil de monitor es un fichero de datos que muestra los colores que el monitor es capaz de mostrar. Esta información permite mostrar correctamente los colores de acuerdo a un espacio de color establecido, independientemente de las características individuales de cada dispositivo utilizado".

El perfil del monitor establece las correcciones que hay que aplicar a cada color (definido por tres valores: luminosidad, matiz y saturación) del espacio de color en el que se codifica la imagen mostrada para que el resultado sea el más próximo al color correcto. Obviamente, hay que medir el monitor con un dispositivo sensible al color (el calibrador) para determinar los errores y construir el fichero con el perfil. Esta labor se conoce como calibración, aunque, como luego veremos, este término implica otras tareas previas, así que prefiero llamarlo "perfilado" para distinguirlo del conjunto de tareas previas al que llamaré "calibración". La calibración más el perfilado constituye el proceso de ajuste del monitor.

29/03/2022

Calibrar y perfilar el monitor con SpiderX Pro (2ª parte)

 La visualización de las imágenes en el monitor.

Antes de entrar en detalle sobre el proceso de ajuste, es necesario que conozcamos cómo se consigue que la versión digital de la imagen aparezca correctamente visualizada en el monitor.

El formato digital de la imagen representa cada píxel como un conjunto de tres valores de 8 bits (valores 0-255), correspondientes a los tres colores básicos del formato aditivo del color (rojo, verde azul o RGB por sus siglas en inglés). Por ejemplo (25, 154, 255) o (32, 0, 128)

Antiguamente los monitores eran dispositivos puramente analógicos, y por tanto necesitaban recibir la información de esa forma, como una señal de vídeo (no merece la pena abundar en este punto, pues es un vestigio del pasado). La transformación de la imagen digital a su equivalente analógico era responsabilidad de la tarjeta de vídeo o, como se le llama actualmente, tarjeta gráfica. El formato de transmisión de vídeo entre la tarjeta gráfica y el monitor se conocía como VGA, al igual que el nombre que se le daba a los conectores y al cable.

Con la llegada de los monitores LCD, éstos se encargaron de la conversión de la imagen digital a la analógica y hubo que desarrollar la conexión digital entre la tarjeta gráfica y el monitor. El monitor se convirtió en otro dispositivo digital más que recibía información digital desde el ordenador, como si de un disco duro o de otro periférico se tratara. Lógicamente se crearon estándares específicos de comunicación digital, dado que la información transmitida, por muy digital que sea, sigue tratándose de una señal de vídeo que exige una precisa coordinación temporal para su correcto visionado. Los estándares de conexión más populares, junto con sus conectores y cables, son DVI, HDMI y Display Port. Seguro que tu monitor tiene, al menos, un conector de uno de estos tres tipos.