Sin cimientos y estructura no hay edificio. Lo mismo pasa en el mundo digital: si los cimientos son el hardware, la estructura es el sistema de ficheros. Y de eso hablaré en esta entrega.
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| Sin estructura no hay edificio. Ciudad de las Ciencias, Valencia |
La organización del sistema de ficheros
Los sistemas de ficheros actuales de casi todos los sistemas operativos tienen la misma organización lógica, establecida hace más de 60 años: el árbol invertido. Consta de dos tipos de elementos: ficheros (archivos) para contener la información y directorios (carpetas) para establecer la jerarquía. Un directorio se almacena en un directorio superior o es la raíz del sistema de ficheros, y puede contener tantos elementos (directorios y ficheros) como se quiera. Un fichero sólo puede almacenarse en un directorio y no contiene ningún elemento. La similitud con un árbol invertido es evidente, siendo las ramas, directorios y las hojas, ficheros.
En el caso del NTFS de Windows existe un directorio raíz por cada unidad física o lógica de disco, denominado por una letra mayúscula y el símbolo ":". ¿Quién no conoce el famoso disco C:, tan antiguo como el MS-DOS?
Este paradigma se mantiene por su sencillez y su versatilidad. Se adapta bien a muchos escenarios de datos, siempre que la característica 1 > N (un elemento superior, varios elementos inferiores) no suponga un impedimento insalvable para la gestión de los datos que contiene. Cuando esto ocurre se utilizan bases de datos, herramientas capaces de establecer cualquier tipo de correspondencia entre datos.
La necesidad de una estructura lógica.
A la hora de gestionar cualquier colección de datos es necesario que se establezca un esquema organizativo con reglas claras, tanto para la denominación como para la estructura de directorios, a fin de facilitare su gestión. La enorme flexibilidad del sistema de ficheros puede ser una arma de doble filo si no se sigue esquema alguno, o éste se va modificando continuamente haciendo que convivan varios criterios organizativos. Por ejemplo, nada impide que todas las fotografías del AFD se almacenen en un directorio. Lo que puede tener sentido para 100 fotos, ¿lo tiene para mil, diez mil o un millón? La respuesta es evidente.
Los criterios.
La relación 1 > N del sistema de ficheros exige que, sean cuales sean los criterios de clasificación que se establezcan para una colección de datos, uno de ellos sea el principal y no se cambie nunca; el resto estará formado por criterios secundarios que se subordinan a aquel. Lo mejor es ilustrarlo con ejemplos.
Mi elección.
Empezaré por mi AFD:
- El criterio principal es el tiempo. La estructura de directorios es una línea temporal, estructurada en dos niveles: año y trimestre.
- El primer criterio secundario es la sesión. Describe un conjunto de fotografías coherente en el espacio y en el tiempo.
- El segundo criterio secundario es el procesado de las fotografías, que se plasma en dos categorías: originales y finalizadas.
Todo el AFD está contenido en un directorio principal (Fotos digitales). Es una práctica muy útil que facilita tanto su localización dentro del sistema de ficheros del ordenador como la realización de las copias de respaldo, necesarias para preservar su contenido ante cualquier incidencia que lo destruya, parcial o completamente.
El primer nivel de directorios es el anual, seguido por el nivel trimestral (T1, T2...). Juntos soportan el criterio principal temporal.
El tercer nivel de directorios soporta el criterio secundario de sesión. Una sesión, en mi caso, es un conjunto de fotografías relacionadas por su proximidad temporal y –aunque no siempre– espacial. La duración no suele exceder de un día con excepciones de varios días, como en el caso de los viajes o de eventos de mayor duración a la diaria, como fiestas populares o actividades deportivas.
El nombre de sesión está estandarizado en tres partes: la fecha de comienzo (y la de fin, cuando abarca más de un día), la ubicación principal y una pequeña descripción. No conviene abusar, ya que los nombres largos de directorios y ficheros son poco prácticos por la forma en que se presentan en el sistema operativo y en las aplicaciones.
El segundo criterio secundario clasifica las fotografías por su estado de proceso. Cuando las cámaras utilizaban formatos de ficheros editables (como el JPEG), ya se recomendaba mantener una copia de cada fotografía sin alterar (original), y crear una copia con el resultado de la edición (procesada). A costa de duplicar el número de archivos del AFD, se obtienen las siguientes ventajas:
- Se puede reprocesar el original de nuevo para cambiar el resultado o para tener varios procesados alternativos (por ejemplo, uno en color y otro en blanco y negro), manteniendo la misma calidad final.
- Las mejoras futuras en las aplicaciones de retoque fotográfico se podrán aplicar, en su momento, sobre la imagen original inalterada, obteniendo fotografías de más calidad a partir del mismo origen.
Este modelo de fichero doble (dos ficheros por fotografía, uno original tal cual sale de la cámara y uno procesado, editado o retocado, que es el resultado final del laboratorio digital), se volvió obligatorio con la aparición del formato RAW (negativo digital), impulsado por los fabricantes de las cámaras. Aunque hay muchos formatos RAW, incluso varios por fabricante, todos comparten la misma propiedad: no se pueden alterar. Por tanto, su uso obliga a adaptar el modelo de fichero doble. Conclusión: siempre se debe mantener una copia inalterada de cada fotografía, independientemente de que se pueda modificar porque el formato de fichero que la contiene lo permita.
Cada directorio de sesión contiene exclusivamente dos directorios, denominados Originales y Retocados. Estos son los únicos directorios que contienen los ficheros correspondientes a las fotografías, siguiendo el modelo de fichero doble. Como consecuencia de esta estructura cada uno de los directorios contiene directorios o ficheros, pero nunca una mezcla de ambos.
Otros ejemplos de estructuras.
¿Qué criterio principal adoptaría un fotógrafo profesional que se dedique, por ejemplo, a la fotografía social? Este sector, centrado en el reportaje de actos sociales relevantes y en fotografía de estudio, se caracteriza por el gran número de clientes. Establecer el cliente como criterio principal permite un acceso rápido al trabajo hecho para cada uno de ellos. Se puede complementar con un nivel secundario de sesión que incluya en su denominación el tipo de evento cubierto, la fecha y el lugar.
Si el tema fundamental del AFD es la fotografía de viaje, el criterio principal más conveniente puede ser la localización geográfica (país, ciudad, etc.), con tantos niveles de directorios como se necesite, dependiendo del número de viajes y de las zonas geográficas visitadas. Como segundo criterio, la dimensión temporal permite clasificar eficientemente varias visitas a la misma localización. Si el número de fotos por viaje es muy elevado, es conveniente añadir un criterio de sesión donde se puede precisar más la localización, como se ve en este ejemplo.
Es recomendable que el último criterio sea siempre el procesado; la ventaja de mantener lo más juntas posibles las dos versiones de la fotografía (original y finalizada) sin que compartan el mismo directorio es una ventaja que supera, con mucho, cualquier inconveniente que provoque.
La elección de los criterios y su jerarquía es un asunto personal; los seres humanos somos diferentes y nos organizamos la vida de muchas formas. No hay verdades absolutas en este tema; cada fotógrafo debe sentirse cómodo con la forma en que organiza su AFD.
La estabilidad y la evolución de la estructura.
Los AFD crecen a lo largo de años y décadas; es lo normal, al menos mientras los fotógrafos que los crearon sigan con su afición o su profesión. Dada la naturaleza del mundo digital que los soporta, los cambios a los que se ve sometido el AFD son (y serán) continuos. Cambian las cámaras fotográficas, los ordenadores, los dispositivos de almacenamiento, los sistemas operativos, las aplicaciones fotográficas... Pero también cambia la temática y el tipo de fotografía que se practica. Como consecuencia, la estructura adoptada en un principio se va alejando de la óptima, o lo que es lo mismo, se hubiese adoptado otra si se empezase de nuevo el AFD.
Para lidiar con esta situación hay varias estrategias posibles; cuál elegir depende de la situación concreta y no puede establecerse a priori:
- Mantener la estructura original a costa de forzarla con el nuevo contenido, que queda "encajado" de mala manera. Es la menos recomendable.
- Adoptar una nueva estructura que sea óptima para el contenido antiguo y nuevo del AFD, y migrar todo el AFD a la nueva estructura. Aunque de entrada puede parecer mucha faena para casi nada, hay veces en que tiene sentido si se debe trabajar con la mayor parte del AFD por otros motivos, como cuando hay una gran parte pendiente de procesar. Total, si hay que visitar la mayor parte de los directorios del AFD, por un poco más de esfuerzo se aplican los cambios que dan lugar a la nueva estructura.
- Mantener la estructura existente y yuxtaponer la nueva estructura, Así se minimiza el trabajo, si se compara con el caso anterior. El coste es una pérdida de estandarización al hacer convivir dos estructuras diferentes en el mismo AFD.
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| La representación geográfica de las fotografías en el módulo Mapa de Lightroom Classic |
Lo ilustraré con un ejemplo. Mi AFD está compuesto por 25.400 fotografías finalizadas, contiene 3.800 directorios y 66.000 ficheros que ocupan 568 GB. Lo comencé en 1.999, ¡en el siglo pasado! Lógicamente su estructura, expuesta anteriormente, ha sufrido la presión del tiempo y de los inevitables cambios. Hay uno en particular que me obligó a modificarla: la irrupción de la fotografía hecha con teléfonos móviles. Por el tipo de fotografía que hago con estos dispositivos, me quedó claro que el criterio principal más adecuado era el geográfico y no el temporal. Además, tampoco me valía el criterio de doble fichero porque son fotos secundarias de tipo documental que no me merece la pena procesar; me vale con el original o con el resultado de un pequeño retoque hecho en el teléfono móvil. Por otro lado, quería evitar el coste de crear y mantener manualmente el conjunto de directorios necesarios para soportar la nueva estructura.

Afortunadamente, una serie de coincidencias me dio la solución: la geolocalización por GPS de cada foto, estándar en los teléfonos móviles, y la creación automática de directorios junto con la reprsentación geográfica de las fotos de la aplicación Lightroom Classic de Adobe (LrC). Como se ve en la imagen anterior, LrC ubica las fotos geolocalizadas en un mapa que se puede ajustar al nivel de ampliación que se desee; no hay forma mejor de implementar el criterio geográfico de clasificación. Como se ve en la imagen lateral, utilicé una función de LrC para crear la jerarquía de directorios, aunque sólo aplica el criterio temporal por años y meses. Una pena que no haga lo mismo para la localización, pero es más que suficiente para la importancia que estas fotos tienen en mi AFD.
Estas y otras fotografías que no encajan en la estructura original se agrupan en un directorio genérico, denominado "Material diverso", para separarlas del contenido principal.
Los vídeos a cámara rápida a partir de fotografías (time lapse, en inglés) es otro ejemplo de contenido que no encaja en la estructura principal. En mi caso tengo tres vídeos pendientes, con un total de 1.000 fotografías, a la espera de que elija una aplicación para procesar este tipo de material.
En resumen, es bueno tener excepciones controladas a la estructura principal del AFD para acomodar las fotografías que no encajen en ella, pero sin perder de vista que se trata de casos poco deseables; es decir, se adoptan porque no hay más remedio, porque cualquier otra opción da un resultado peor.
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